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¿Cambian los lenguajes progresivamente o en ráfagas? Mientras decidimos una respuesta nos indican que un grupo comandado por Quentin Atkinson ha escrito un estudio que aparentemente comprueba la idea de que los cambios más relevantes en los lenguajes son puntuales y producidos en momentos de expansión o revolución. Lamentablemente, no se puede decir que el estudio está publicado ya que se encuentra en un sitio que no es público, y lo único que se puede leer es el resumen.
Allí vemos que lo que hicieron fue comparar los vocabularios de tres grupos lingüísticos, bantú, indo-europeo y austronesio, aparentemente tomando en cuenta la variación léxica en el tiempo, y llegan a la conclusión de que un porcentaje significativo (entre 10 y 30%) de las diferencias entre los lenguajes de cada grupo se deben a ráfagas repentinas causadas por el denominado "efecto del fundador" o por la intención de establecer una diferente identidad social. Si algún día leemos el texto completo seguramente veremos que los ejemplos resaltan ciertos eventos sociales de importancia, como migraciones, tomas de poder por clases desfavorecidas, independencias, etc. Lo que no queda claro es si la armonía entre los resultados y la teoría evolutiva se debe a que los datos coinciden o a que este grupo parte de esa idea.
En un trabajo anterior este mismo grupo determinó que las palabras que se usan menos tienen tendencia a cambiar más rápido. Gran descubrimiento. En ambos casos no se trata de avances teóricos sino de corroboración matemática de lo que la mayor parte de la gente cree.
Lo que me llama la atención, sin embargo, no es tanto que el lenguaje cambie en gran medida por impulsos ya que cambia todo el tiempo, después de todo, sino que no cambia tanto como se supondría. No hay manera de escuchar cómo se hablaba el castellano hace 100 o 500 años ¿sería inteligible hoy? Si nos basamos en un par de ejemplos, El Quijote de hace 400 años, es perfectamente legible salvo algún que otro detalle, y en el caso del lenguaje venezolano, los escritos de Bolívar o de Simón Rodríguez con 200 años de antigüedad tienen apenas pequeñas diferencias ortográficas y de estilo.
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Supe de Tuvia Sagiv por algunos artículos publicados en un sitio dedicado
al asunto de la localización del
templo de Salomón en Jerusalén. El es quien postula que la
situación del templo original no es sobre la roca que está debajo del
Domo de la ídem sino que estaba en un sector más al sur, cerca de la actual
mezquita de Al-Aqsa. Sus argumentos son atractivos, basados
principalmente en la topografía original del monte del templo y en el
testimonio de Josefo. Pero el solo relatar las teorías acerca de la
localización exacta del templo sería muy largo, lo dejaré para otro día.
Hace poco el mismo Sagiv publicó
un
artículo en el cual hipotetiza sobre el supuesto surgimiento
del culto a la divinidad femenina y al cáliz sagrado, que se han
popularizado tanto a raíz del éxito editorial del fulano 'Código Da Vinci'
de Dan Brown.
A instancias de Sagiv se realizaron en los años 90 unos estudios no
intrusivos -con radar e infrarrojos- en el monte del templo; la interpretación que él
hace de ellos es que bajo el octogonal Domo de la Roca (Haram-es-Sharif) existe una
estructura pentagonal, similar a otra excavada en Cesárea denominada
Torre de Strato. Según Sagiv, en ambos casos se trata de templos canaaneos
dedicados a la diosa Astarté. Por otro lado, él encuentra la disposición
de las dos mezquitas (la del Domo y la de Al-Aqsa), así como su arquitectura,
típicamente romanas. La idea es que los árabes -que llegaron en el siglo VII-
lo que hicieron fue reconstruir las ruinas de templos romanos de la época de
Adriano. En este sentido hace calzar la planta del templo de Júpiter en
Baalbek con la zona del monte del templo y la coincidencia es llamativa.
Adriano habría construido el templo romano en Jerusalén ocultando lo que quedaba del
templo judío, y habría colocado una estatua ecuestre suya sobre el altar judío.
La idea entonces es que cuando llegan los cruzados al área, siglo XI,
se encuentran con las ruinas de un templo octogonal dedicado a una diosa
Ticha (Fortuna) sobre la Roca, y uno rectangular dedicado a Júpiter. Al realizar algunas excavaciones encontrarían rastros que los romanos desatendieron, entre ellos algunos 'cálices del destino' pertenecientes a la deidad femenina.
Creyendo que habían excavado el templo judío se encontraron con que Dios
era Diosa, y los problemas consiguientes para cuadrar eso con la idea del
hijo de Dios y el Dios padre. Eso habría conducido a una desmoralización de
los templarios, que eran quienes hicieron las excavaciones, hasta el punto
de su eliminación en el siglo XIV. El "secreto" sin embargo, habría sido
transmitido y un posible culto oculto (cacofónico ¿no?) se habría mantenido
en Europa desde entonces. Algo similar habría pasado con la literatura
judía de los libros de Bahir y Zohar, donde hablan -dice- de una
'presencia divina'. Por lo tanto, habría una continuidad en el culto
femenino que se originó antes del asentamiento de los hebreos en la ciudad;
además, el mismo hecho de la existencia de un sitio de adoración a Astarté
en los tiempos de Salomón y que no fue eliminado por él es uno de los
argumentos que utiliza Sagiv para negar que el templo haya estado situado
allí debido a su "impureza".
Una especulación, sin duda, pero bien estructurada.
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Este artículo del Asia Times utiliza la argucia del misterio peliculero: antiguos papeles enterrados mantenidos en secreto por gente poderosa que podrían sacudir las bases de la sociedad planetaria, narrado con saltos en el tiempo y sugerencias de conspiración, etc.
Ciertamente el cuento es atractivo; se trata de unos fajos de papel encontrados en una tumba bajo la Gran Mezquita de la capital de Yemen en los primeros años setenta del siglo recién pasado, unos fragmentos del Corán y otras escrituras islámicas del siglo VIII, aparentemente los más antiguos existentes. Desde entonces han sido limpiados y clasificados en la Casa de los Manuscritos pero sólo se ha permitido acceso a dos estudiosos de esos que llaman "occidentales": Gerd-R. Puin y H.C. Graf von Bothmer. El asunto es que hace unos años (en 1999) Puin hizo unas declaraciones en las que manifestaba que los papeles tenían ciertas discrepancias (diversos deletreos, orden de los versículos) con la versión oficial del Corán y hablar de variaciones en el Corán por pequeñas que sean produce dos efectos inmediatos y de sentido opuesto:
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El movido panorama del poblamiento americano continúa agitado. Por este reportaje (original) pude acceder a un artículo publicado recientemente en Plos One que añade un toque de permanencia en Beringia a los primeros pobladores de América. Se trata de un estudio realizado a 623 ejemplares completos de ADN mitocondrial -via materna- que según sus 21 autores permite inferir con mayor precisión las derivaciones de los llamados "fundadores" o primeros habitantes americanos.
La versión oficial del poblamiento de América reconoce (aquí puede verse bien explicada; también existen escépticos como este antidarwinista) cuatro olas y está basada en estudios genéticos previos, aunque mayormente de sectores de ADN. Este estudio encuentra entonces más diversidad que la vista anteriormente y tras el análisis postulan que los datos apuntan a una permanencia larga y en situación de aislamiento prácticamente, por unos 15.000 años, de los grupos fundadores antes de llegar a Alaska, lo cual habría permitido el desarrollo de mutaciones específicas que ahora han sido detectadas. Posteriormente a aquel "retraso" en el viaje dicen que hubo varios pasos de Siberia a Alaska y viceversa. De esta manera explican la relativa homogeneidad de los pueblos autóctonos americanos, que se debería a la rapidísima expansión por toda América comenzando aproximadamente hace 15.000 años.

Lo interesante es que estos vaivenes hipotéticos se deducen de datos puramente genéticos y quizás sea difícil encontrar evidencias arqueológicas (de las lingüísticas hablé hace unos meses); pero viendo la imagen parece factible que en tiempos de frío glacial el área de la plataforma continental alrededor del estrecho de Bering formase un espacio amplio y, dado que no pasa de 200 metros de profundidad (ni de 50 en el propio estrecho), es posible (no digo probable) que algún explorador arriesgado se ponga a excavar en la zona.
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Terminé de leer La travesía del hombre (The Journey of Man, 2002) de Spencer Wells, libro cuyo título sería bastante incorrecto en esos lugares donde se confunde gramática con biología. Después me enteré que el libro es un complemento o quizás un subproducto de un documental televisivo; de allí que el tono es divulgativo y asequible. La lectura da la impresión de estar dividida en dos partes: en la primera se establece lo que parece ser la posición oficial de los genetistas, presentada con fuerza argumentativa, referida a la dispersión de los primeros humanos por África y a partir de allí hasta Australia, hace unos 50.000 años o poco más; la denominada "Eva" se ubicaría hace unos 120.000 años. En la segunda parte, cuando ya se acerca a menos de 30.000 años la cosa se le empastela y la explicación no es tan convincente, basta notar que empieza a apoyarse en teorías de familias de lenguaje y en rasgos culturales o arqueológicos, dicho de otro modo, la genética no alcanza (hasta ahora) para echar todo el cuento de la dispersión humana.
A lo largo de todo el libro Wells explica el proceso de investigación genética, fundamentalmente la detección de cadenas de polimorfismos en los cromosomas uniparentales, el mitocondrial (materno) y el Y (paterno) que supuestamente no se mezclan en las sucesivas generaciones. Para ello utiliza como metáfora la elaboración de una sopa (la Bouillabaisse en particular) suponiendo varias cosas: que la receta es antigua, que el número de ingredientes no disminuye sino que cambia o aumenta y que si se analiza la distribución actual de las recetas de la sopa se puede deducir dónde se originó y -lo más difícil de creer- cuándo. La metáfora no es del todo inconveniente, porque permite entender el asunto, de alguna manera.
Si se dispone de la distribución geográfica de las recetas de sopa o de las secuencias genéticas no parece complicado deducir el origen, sería la región donde las recetas -o las cadenas de nucleótidos- son más diversas. Este análisis conduce directamente a África en lo que respecta a los primeros hombres -¡y mujeres!- modernos; sin embargo, no sé a dónde lleva en el caso del hervido de pescado. Ahora, en lo que respecta al cálculo temporal, los genetistas estiman que las variaciones o mutaciones en las cadenas de estos casi invariables cromosomas se dan con una frecuencia regular, por lo tanto, si detectan un cierto número de cambios pueden estimar el tiempo transcurrido y así han llegado a determinar (aproximadamente por supuesto) la antigüedad de un cierto "ingrediente". En fin, asumiendo que las cosas sean como las pinta Wells lo que me llama la atención es la relativamente escasa edad de esta especie que compartimos; no más de 50.000 años, que es como decir entre 2.500 y 3.000 generaciones (o degeneraciones, según el punto de vista). En ese número de reproducciones la humanidad pasó de unos pocos cientos a casi siete mil millones... y después hablan de la drosophila. Wells tiene un particular interés en Asia central, ya que como era de esperar es el sitio clave en la separación de lo que luego serían europeos, chinos ¡y americanos! La confirmación genética es eso, confirmación, porque basta ver una secuencia de fotografías de personas autóctonas de aquellas regiones para apreciar la transición entre tipos y colores de un extremo al otro.
El asunto no queda ahí, inmediatamente después de la publicación del libro y del documental Wells fue contratado para dirigir el proyecto Genográfico de National Geographic, que persigue construir una inmensa base de datos de variación genética con la contribución voluntaria de quien así lo desee. Los participantes -que deben pagar unos 100 dólares- reciben a cambio la información obtenida de los análisis de su saliva. En el primer informe, publicado en forma abierta recientemente en PLoS Genetic -como debe ser- cuentan que van cerca de 80.000 personas analizadas y continúa... la idea es tener una base estandarizada que permita ubicar a cualquier persona en un contexto ancestral de manera más rápida. Y para ello -si no malentiendo- utilizan apenas una secuencia de alrededor de quinientos nucleótidos del ADN mitocondrial. Hay un tinte comercial en esto, pero hay otro caso en ejecución por la Universidad de Oxford en el que esperan contar con 3.500 voluntarios de 30 regiones de las islas británcias y aun les faltan 700; en este caso que es gratis no les darán información sobre los resultados de manera personal y tampoco aceptan a varios miembros de una misma familia y buscan solamente a personas de las zonas rurales cuyos abuelos hayan vivido en la misma zona, lo que luce coherente para obtener algún esquema de poblamiento antiguo.
El otro asunto que no entiendo en primera instancia es que Wells no menciona a Stephen Oppenheimer, que tiene un planteamiento similar (versión oficial también) en el sitio de la fundación Bradshaw que he mencionado alguna vez. Queda por ver si los estudios cada día más abundantes logran establecer una mayor resolución en los análisis, pero al menos a nivel de grandes poblaciones -y salvo prueba en contrario- el mapa de la dispersión humana está más o menos establecido.
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En un mensaje de una lista de correo notifican de cierto revuelo que viene de la publicación de un libro titulado provocadoramente Le français ne vient pas du latin ! (el francés/español/portugués/italiano/rumano no vienen del latín), con el subtítulo Ensayo sobre una aberración lingüística; o sea, ya van dos provocaciones. El autor es Yves Cortez, y el plantemiento que da sustento a la idea de que ninguna de las lenguas romances deriva del latín se puede deducir de unas pocas ideas que se han ido difundiendo y también de un blog -con pocas entradas- que mantiene.
El asunto es interesante; yo mismo hace tiempo me preguntaba (sin obtener respuesta) de dónde salieron los artículos -el, la, los, un, unos, etc-; y esa es una de las cosas que pretende explicar Cortez. Dice que las lenguas romances son más similares entre sí que con el latín; postula que el lenguaje que dió origen a todas ellas es el "italiano arcaico", que sería un idioma contemporáneo del latín, pero no derivado de él. No me queda claro cuál es la diferencia entre este italiano antiguo y el latín popular o "bajo". La verdad es que hay algunas lagunas en eso del latín como lengua-madre: las lenguas romances perdieron declinaciones, ganaron artículos, forman los plurales de manera distinta, y dice también Cortez que perdieron adverbios y conjunciones.
Estaremos pendientes de los acontecimientos, creo y espero que los eruditos darán respuestas a esta idea y esa discusión ha de ser muy sabrosa; también habrá que esperar a que aparezca el libro traducido, porque lo que es el francés no es muy legible, por más lengua-hermana que sea. En primera instancia, considero digno de estudio el planteamiento de Cortez, el único resquemor que me queda es que viene en plan provocador y, ya se sabe,los provocadores son una plaga, menos mal que en este caso es sólo intelectual; le encantan las frases como Toda la etimología es falsa, y El latín era lengua muerta ya en el segundo siglo a.C., cosas que sólo se justificarían si su planteamiento fuese cierto.
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Çatalhöyük y el alfabeto turco
El titular dice: "Motivos espirales en las paredes revelan la migración en Çatalhöyük"; y pareciera entenderse que se trata de una especie de mapa que mostraría la trayectoria migratoria que condujo a la fundación de esa ciudad, pero no. Lo que quiere decir es que los motivos grabados en las paredes se repiten en sellos y otros utensilios, y que si estudian a fondo el asunto, en un futuro, podrían llegar a trazar aquella ruta migratoria basándose en los hallazgos de esos motivos que según parece se consiguen en toda la Anatolia central.

Uno ha oído de Çatalhöyük (si acaso) porque siempre la citan como la ciudad más antigua, desde que la encontraron en los años cincuenta; le dan entre ocho y diez mil años de antigüedad y según parece no han encontrado una aglomeración residencial de ese tiempo y tan grande en ninguna otra parte, hasta ahora. Las viviendas están construidas con adobe y tenían techo dicen los arqueólogos que trabajan allí. Y estuvo habitada por un montón de años, tanto que las sucesivas construcciones dieron origen a una pequeña colina dividida en dos y de allí su nombre: monte partido.
Las excavaciones que han hallado las espirales están dirigidas por Ian Hodder, comenzaron en 1993 y van a durar 25 años. Çatalhöyük resulta interesante porque reflejaría la consolidación del Neolítico: agricultura y sedentarismo. Hodder es de la tendencia "postprocesual" lo que implica que es cuidadoso (y lento) en la excavación y subjetivo en las interpretaciones de sus hallazgos; más importante es consciente de la naturaleza social y humana de la arqueología y supongo que por eso publica directamente en el sitio dedicado a la excavación sus informes anuales así como fotografías (más de 200, como la que acompaña esta nota) de los avances y demás acontecimientos relativos al trabajo (visitas, etc.).
Hay muchas instituciones involucradas, tanto en financiamiento como en promoción de este asunto (mmmm...). En el Museo de Ciencias de Minnesota hay una página estupenda, sobre la excavación y exposición conexa en el museo, hecha con estética de 'comic'.
Ahora bien, con tantos signos diacríticos que tiene el nombre turco de este sitio, tantos que convierten a esa palabra en una diacrisis completa, ¿cómo sabe uno la manera de pronuciar tal cosa? Pues se busca a alguien que lo oriente a uno, y haciendo un esfuerzo se llega a la conclusión que si lo escribíeramos en español sería algo así: Chataljeyic. Lo malo es que el turco tiene ocho vocales y la equivalencia no es buena; lo bueno es que tiene una ortografía muy estable y predecible, según la fuente antedicha, así que de ahora en adelante ya no diré "Cataluyuc".
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