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¿Cambian los lenguajes progresivamente o en ráfagas? Mientras decidimos una respuesta nos indican que un grupo comandado por Quentin Atkinson ha escrito un estudio que aparentemente comprueba la idea de que los cambios más relevantes en los lenguajes son puntuales y producidos en momentos de expansión o revolución. Lamentablemente, no se puede decir que el estudio está publicado ya que se encuentra en un sitio que no es público, y lo único que se puede leer es el resumen.
Allí vemos que lo que hicieron fue comparar los vocabularios de tres grupos lingüísticos, bantú, indo-europeo y austronesio, aparentemente tomando en cuenta la variación léxica en el tiempo, y llegan a la conclusión de que un porcentaje significativo (entre 10 y 30%) de las diferencias entre los lenguajes de cada grupo se deben a ráfagas repentinas causadas por el denominado "efecto del fundador" o por la intención de establecer una diferente identidad social. Si algún día leemos el texto completo seguramente veremos que los ejemplos resaltan ciertos eventos sociales de importancia, como migraciones, tomas de poder por clases desfavorecidas, independencias, etc. Lo que no queda claro es si la armonía entre los resultados y la teoría evolutiva se debe a que los datos coinciden o a que este grupo parte de esa idea.
En un trabajo anterior este mismo grupo determinó que las palabras que se usan menos tienen tendencia a cambiar más rápido. Gran descubrimiento. En ambos casos no se trata de avances teóricos sino de corroboración matemática de lo que la mayor parte de la gente cree.
Lo que me llama la atención, sin embargo, no es tanto que el lenguaje cambie en gran medida por impulsos ya que cambia todo el tiempo, después de todo, sino que no cambia tanto como se supondría. No hay manera de escuchar cómo se hablaba el castellano hace 100 o 500 años ¿sería inteligible hoy? Si nos basamos en un par de ejemplos, El Quijote de hace 400 años, es perfectamente legible salvo algún que otro detalle, y en el caso del lenguaje venezolano, los escritos de Bolívar o de Simón Rodríguez con 200 años de antigüedad tienen apenas pequeñas diferencias ortográficas y de estilo.
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El movido panorama del poblamiento americano continúa agitado. Por este reportaje (original) pude acceder a un artículo publicado recientemente en Plos One que añade un toque de permanencia en Beringia a los primeros pobladores de América. Se trata de un estudio realizado a 623 ejemplares completos de ADN mitocondrial -via materna- que según sus 21 autores permite inferir con mayor precisión las derivaciones de los llamados "fundadores" o primeros habitantes americanos.
La versión oficial del poblamiento de América reconoce (aquí puede verse bien explicada; también existen escépticos como este antidarwinista) cuatro olas y está basada en estudios genéticos previos, aunque mayormente de sectores de ADN. Este estudio encuentra entonces más diversidad que la vista anteriormente y tras el análisis postulan que los datos apuntan a una permanencia larga y en situación de aislamiento prácticamente, por unos 15.000 años, de los grupos fundadores antes de llegar a Alaska, lo cual habría permitido el desarrollo de mutaciones específicas que ahora han sido detectadas. Posteriormente a aquel "retraso" en el viaje dicen que hubo varios pasos de Siberia a Alaska y viceversa. De esta manera explican la relativa homogeneidad de los pueblos autóctonos americanos, que se debería a la rapidísima expansión por toda América comenzando aproximadamente hace 15.000 años.

Lo interesante es que estos vaivenes hipotéticos se deducen de datos puramente genéticos y quizás sea difícil encontrar evidencias arqueológicas (de las lingüísticas hablé hace unos meses); pero viendo la imagen parece factible que en tiempos de frío glacial el área de la plataforma continental alrededor del estrecho de Bering formase un espacio amplio y, dado que no pasa de 200 metros de profundidad (ni de 50 en el propio estrecho), es posible (no digo probable) que algún explorador arriesgado se ponga a excavar en la zona.
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Terminé de leer La travesía del hombre (The Journey of Man, 2002) de Spencer Wells, libro cuyo título sería bastante incorrecto en esos lugares donde se confunde gramática con biología. Después me enteré que el libro es un complemento o quizás un subproducto de un documental televisivo; de allí que el tono es divulgativo y asequible. La lectura da la impresión de estar dividida en dos partes: en la primera se establece lo que parece ser la posición oficial de los genetistas, presentada con fuerza argumentativa, referida a la dispersión de los primeros humanos por África y a partir de allí hasta Australia, hace unos 50.000 años o poco más; la denominada "Eva" se ubicaría hace unos 120.000 años. En la segunda parte, cuando ya se acerca a menos de 30.000 años la cosa se le empastela y la explicación no es tan convincente, basta notar que empieza a apoyarse en teorías de familias de lenguaje y en rasgos culturales o arqueológicos, dicho de otro modo, la genética no alcanza (hasta ahora) para echar todo el cuento de la dispersión humana.
A lo largo de todo el libro Wells explica el proceso de investigación genética, fundamentalmente la detección de cadenas de polimorfismos en los cromosomas uniparentales, el mitocondrial (materno) y el Y (paterno) que supuestamente no se mezclan en las sucesivas generaciones. Para ello utiliza como metáfora la elaboración de una sopa (la Bouillabaisse en particular) suponiendo varias cosas: que la receta es antigua, que el número de ingredientes no disminuye sino que cambia o aumenta y que si se analiza la distribución actual de las recetas de la sopa se puede deducir dónde se originó y -lo más difícil de creer- cuándo. La metáfora no es del todo inconveniente, porque permite entender el asunto, de alguna manera.
Si se dispone de la distribución geográfica de las recetas de sopa o de las secuencias genéticas no parece complicado deducir el origen, sería la región donde las recetas -o las cadenas de nucleótidos- son más diversas. Este análisis conduce directamente a África en lo que respecta a los primeros hombres -¡y mujeres!- modernos; sin embargo, no sé a dónde lleva en el caso del hervido de pescado. Ahora, en lo que respecta al cálculo temporal, los genetistas estiman que las variaciones o mutaciones en las cadenas de estos casi invariables cromosomas se dan con una frecuencia regular, por lo tanto, si detectan un cierto número de cambios pueden estimar el tiempo transcurrido y así han llegado a determinar (aproximadamente por supuesto) la antigüedad de un cierto "ingrediente". En fin, asumiendo que las cosas sean como las pinta Wells lo que me llama la atención es la relativamente escasa edad de esta especie que compartimos; no más de 50.000 años, que es como decir entre 2.500 y 3.000 generaciones (o degeneraciones, según el punto de vista). En ese número de reproducciones la humanidad pasó de unos pocos cientos a casi siete mil millones... y después hablan de la drosophila. Wells tiene un particular interés en Asia central, ya que como era de esperar es el sitio clave en la separación de lo que luego serían europeos, chinos ¡y americanos! La confirmación genética es eso, confirmación, porque basta ver una secuencia de fotografías de personas autóctonas de aquellas regiones para apreciar la transición entre tipos y colores de un extremo al otro.
El asunto no queda ahí, inmediatamente después de la publicación del libro y del documental Wells fue contratado para dirigir el proyecto Genográfico de National Geographic, que persigue construir una inmensa base de datos de variación genética con la contribución voluntaria de quien así lo desee. Los participantes -que deben pagar unos 100 dólares- reciben a cambio la información obtenida de los análisis de su saliva. En el primer informe, publicado en forma abierta recientemente en PLoS Genetic -como debe ser- cuentan que van cerca de 80.000 personas analizadas y continúa... la idea es tener una base estandarizada que permita ubicar a cualquier persona en un contexto ancestral de manera más rápida. Y para ello -si no malentiendo- utilizan apenas una secuencia de alrededor de quinientos nucleótidos del ADN mitocondrial. Hay un tinte comercial en esto, pero hay otro caso en ejecución por la Universidad de Oxford en el que esperan contar con 3.500 voluntarios de 30 regiones de las islas británcias y aun les faltan 700; en este caso que es gratis no les darán información sobre los resultados de manera personal y tampoco aceptan a varios miembros de una misma familia y buscan solamente a personas de las zonas rurales cuyos abuelos hayan vivido en la misma zona, lo que luce coherente para obtener algún esquema de poblamiento antiguo.
El otro asunto que no entiendo en primera instancia es que Wells no menciona a Stephen Oppenheimer, que tiene un planteamiento similar (versión oficial también) en el sitio de la fundación Bradshaw que he mencionado alguna vez. Queda por ver si los estudios cada día más abundantes logran establecer una mayor resolución en los análisis, pero al menos a nivel de grandes poblaciones -y salvo prueba en contrario- el mapa de la dispersión humana está más o menos establecido.
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Por esta nota me entero de la existencia del sitio Evolución de los lenguajes humanos formado por un grupo de lingüistas rusos y norteamericanos y cuyo propósito evidente es reconstruir un lenguaje primigenio que habría sido el único hablado por toda la humanidad en algún momento hace unos 50.000 años. El núcleo del asunto no me es desconocido porque había leido un libro de uno de los participantes, Merritt Ruhlen, que plantea más o menos la idea.
Se trata de hipotetizar la forma de aquel supuesto lenguaje a partir de las reconstrucciones ya establecidas, por ejemplo, el proto-indoeuropeo ya tiene cierta consistencia en razón del número de estudiosos que se han dedicado a encontrar similitudes entre los lenguajes de la familia llamada indoeuropea: hindú, persa, ruso, griego, germánicos, latinos y demás. El trabajo también se está haciendo con otras familias más o menos bien delimitadas (cuyo esquema se puede ver aquí), el paso siguiente es simplemente continuar encontrando similitudes hasta llegar al "lenguaje original". Una representación gráfica de las macrofamilias lingüísticas se muestra en este mapa basado en el trabajo de Joseph Greenberg maestro de Ruhlen y uno de los más interesados en agrupar las familias de lenguajes en macrofamilias. Por supuesto, uno debe asumir que el mapa de lenguajes se refiere al estado de la distribución de la humanidad hace algo así como 1000 años.
Este mapa se encuentra en un sitio ruso fundado por Sergei Anatolyevich Starostin que recopila etimologías de todos los lenguajes y va in crescendo y en el que se puede hurgar hasta el cansancio sobre las posibles relaciones entre palabras de cualesquiera idiomas. Hay un par de cosas muy llamativas a simple vista. Una, la mayoría de los lenguajes de las Américas (prehispánicos, se entiende) se consideran una sola gran familia. Otra, más indigerible aún, es que se postula la existencia de una macrofamilia (en rojo en el mapa) llamada Dene-Caucásica que incluye prácticamente a los lenguajes que no entran en otras clasificaciones como el vasco, los caucásicos, una familia alrededor del río Yenisei y el sino-tibetano, junto con la familia Na-Dené que agrupa algunas lenguas indígenas de Norteamérica.
El problema de la metodología que ya le criticaban a Greensberg y Ruhlen ha continuado tiene a mi modo de ver dos aristas. Una, que la relación entre familias lingüísticas se hace exclusivamente en base a vocabulario y etimología; por lo que para ser creíble debe reunir una gran cantidad de coincidencias o similitudes entre los lenguajes. Pero además, las reconstrucciones son hipotéticas -no podría ser de otra manera- así que cuando se llega al grado de relación entre macrofamilias de lenguajes que ya no se hablan en ninguna parte, la duda es grande. El segundo aspecto tiene que ver con el apoyo de la genética. Es de suponer que si la genética traza una distribución de la humanidad bastante estructurada en el tiempo y el espacio, la lingüística puede utilizar esa información para complementar, ratificar o simplemente explicar la expansión de un grupo lingüístico ¿y viceversa?
Y el asunto es que se forman círculos de justificación lingüística-genética que terminan por no convencer, dado que ambas elucubraciones están apenas empezando (dice uno) en el estudio de la dispersión humana. A pesar de lo dicho, esto es interesante y habrá que ver hasta dónde llega. Starostin trabajaba antes de morir en la teoría de que el japonés es un lenguaje del grupo altaico y Ruhlen está buscando argumentos genéticos actualmente para establecer que el lenguaje nepalés Kusunda pertenece a la familia indo-pacifíca (mayormente de Nueva Guinea); estas relaciones sorpresivas son un aliciente en cualquier caso.
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Si todo resulta como está planificado, en este momento ya deben estar embarcados los tripulantes del Abora 3, un navío de juncos construido en Bolivia y llevado hasta Nueva York para la travesía oceánica que lo llevará a Las Azores y luego a Cádiz y -si alcanza a tanto- hasta las Islas Canarias en octubre, lugar del que proviene su nombre, dicen que de un antiguo dios indígena. Dominique Görlitz es el capitán de una tripulación mayoritariamente alemana que mostrará la posibilidad de la navegación ¡prehistórica! a contra viento en el Atlántico norte.
Y es que hay una cierta tendencia (¿antiacadémica, quizás?) a posicionar a las Américas como una encrucijada a la que todo "bicho de uña" llegó, sobre todo antes de Colón. En este caso, la idea es que pudo existir comercio intercontinental hace alrededor de 12000 años. Como el contraargumento principal es la dificultad de navegar desde América hacia Europa por los vientos contrarios, pues Görlitz quiere demostrar que no hay tal impedimento y para ello ha organizado esta expedición que ya ha gastado alrededor de un millón de dólares y apenas empieza. Aquí se ve la maqueta del Abora.

Görlitz parece estar asociado con el sitio Migración y Difusión, donde hay una serie de resúmenes de trabajos que apoyan la idea de la comunicación entre América y Europa ya en tiempos solutrenses. Basándose en dibujos egipcios llegó a la conclusión de que las balsas deberían tener unas quillas laterales a proa y a popa, sin las cuales ni él mismo cree que podrían atravesar el Atlántico. Eso en cuanto a la construcción de la nave; en cuanto a los indicios que han convencido a todas estas personas de que existía tal y tan antiguo comercio, sólo he encontrado dos: uno, la nicotina que encontraron en la momia de Ramsés II hace algunos años, aunque parece que también se han hallado rastros de coca y una polilla de la planta del tabaco, cosas -supuestamente- desconocidas en Africa y Europa hasta el comienzo del siglo XVI. Dos, una pintura rupestre que se encuentra en la Cueva del Castillo, en Santander, cuya imagen -a continuación- tomo prestada de un turista tasmano, en la que interpretan no sólo que unos barcos -o algo así- están atravesando el océano, sino que los numerosos puntos representan las direcciones de las corrientes o los vientos. En fin. Sin mayor esfuerzo se consigue otra interpretación muy consistente que explica que se trata de la vía láctea, representada de manera similar en muchos otros sitios.
Aun cuando tenga éxito la travesía, sólo servirá para corroborar la posibilidad de la navegación, de allí a establecer que la comunicación era continuada e implicaba comercio, hay un trecho tan grande como el charco que va a atravesar la Abora 3. En cualquier caso, sigue la tradición de Heyerdahl con la Kon-tiki y Ra, y no cabe duda que hacer este tipo de "experimentos arqueológicos" debe ser muy divertido.
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Dicen aquí que un trabajo hecho sobre huesos de pollo iba a salir publicado en PNAS, pero por más que busqué no lo pude ubicar. Seguramente estoy como los rectores viejos (o nuevos, pero favorables a la intervención del gobierno), que van perdiendo facultades.
El caso es que Alice Storey y un grupo de estudiosos han hecho análisis del ADN de unos huesos de pollo encontrados por Daniel Quiroz enterrados en un lugar de la costa central de Chile llamado El Arenal. Las pruebas de carbono establecen un lapso temporal entre 1320 y 1410. El estudio comparativo del ADN determinaría que los pollos eran de raza polinesia y confirmaría la llegada a América de los polinesios (o la compra de pollo en Polinesia por los mapuches, digo yo). También mencionan que hay varias palabras en mapuche que son muy similares en los lenguajes polinesios y el asunto de la batata, que según parece es originaria de Suramérica y "alguien" repartió por las islas del Pacífico.
Así que habría una comprobación indirecta del arribo polinesio a América que después de tantos años le daría algo de razón a Thor Heyerdahl sobre la comunicación Suramérica-Islas del Pacífico, aunque sea en dirección contraria. De paso se confirmaría que América estaba atravesada en el camino de todo bicho de uña que navegara por los océanos: chinos, vikings, portugueses, polinesios, etc. mucho antes de que Colón viniera a hacer tantos aspavientos con su llegada.
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Ese gran cuentero que era Heródoto comienza su famosa obra explicando cómo Creso, rey de Lidia condujo al desastre su reino azuzado por un oráculo: si atacaba a Ciro, rey de Persia, un gran imperio se perdería. Creso no trató de aclarar la ambigüedad y el resultado es muy conocido; después de eso, Lidia no pasó de satrapía persa. Al describir la región lidia Heródoto dice "no ofrece a la descripción muchas maravillas, como otros países, a no ser las pepitas de oro que bajan del Tmolo". Sin embargo, le atribuye la primera acuñación de moneda y cuenta que los lidios inventaron los juegos durante una larga hambruna como una manera para evitar comer. A pesar de todo el hambre seguía agobiándolos, así que el rey (Atis) dividió la población en dos partes, una que se quedaría y otra que debería salir del país (hay cosas que no cambian tanto). Los emigrantes obligados estaban bajo el mando de Tirreno, hijo de Atis, y ocuparon la región de los umbrios en Italia central, y tomaron el nombre de su jefe, tirrenos.
Esa es la breve explicación que atribuye el origen de la civilización etrusca o tirrena a aquella emigración de Anatolia en los años de cataplún, hace ya casi 3000. Ahora un grupo de investigadores prácticamente le da la razón a Heródoto, después de analizar el ADN mitocondrial (vía materna) de más de 300 sujetos de tres zonas de la Toscana (el ámbito etrusco por antonomasia) y compararlo con 55 poblaciones del área euroasiática. Dicen que en el pequeño pueblo de Murlo el haplogrupo (sea lo que eso sea) del oriente próximo llega hasta 17,5%, mucho más alto que en el resto de las zonas donde no pasa de 5%, y sin embargo denota según sus autores una entrada genética del Medio Oriente consistente "con el origen lidio de los etruscos".
Lo que no queda claro es el asunto de la lengua, porque según todas las fuentes los lidios hablaban alguna variante de indoeuropeo, pero los estudiosos creen que el etrusco no sólo no era indoeuropeo sino que no le han encontrado familia entre las lenguas del mundo. Ya veremos. Mientras tanto, la búsqueda virtual de la cuna etrusca me ha permitido enterarme que la vieja capital de Lidia, Sardis (actual Sart), es un sitio turístico de cierta importancia, no lejos del lago Giges y en una planicie que conduce directamente hacia Esmirna (Izmir) a unos noventa kilómetros (¡ah, qué bueno sería recorrer toda la costa jonia!). Por otro lado, que el pueblo de Murlo es lo más etrusco que se conserva es según parece muy sabido, incluso hay un tipo fisonómico etrusco que abunda en esta aldea. Para terminar de volverme un ocho, resulta que el alfabeto etrusco, que es similar al griego desarrolló un signo con forma de 8 para la f que sólo se repite en el alfabeto lidio... Hay entonces unos cuantos argumentos a favor del origen lidio de los etruscos y los estudios siguen dándole la razón a Heródoto, que en algún tiempo hasta fue mal visto por inventor.
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