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A principios de este mes tuve ocasión de visitar el Jardín Botánico de Mérida y me dejé llevar por la tentación de hacer una compilación de fotos "botánicas", algo que parece va en la savia, digo, en la sangre...
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Contra la costumbre de no asociarme a ningún colectivo, me he incorporado a Avepalmas un grupo de personas interesadas en las plantas, quienes promueven desde hace algunos años la Declaración universal de los derechos de las plantas. De hecho, ya había compartido varias excursiones muy agradables con este grupo entusiasta, algo que espero poder seguir haciendo, de esta manera se justificará algo la manía de fotografiar vegetales. Aquí he colocado algunas fotos de la visita que hicimos a varios sitios recónditos del sur de Caracas, de interés ecológico, artístico, paisajístico y por supuesto, botánico.
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El páramo venezolano además de "yermo, raso y desabrigado" es alto; no hay otra manera de que sea frío. Además es aparentemente incoloro, monótono y además habitualmente cubierto de niebla por lo que pudiera considerarse aburrido. Sobre un fondo gris o marrón lo que suele abundar son pequeños puntos amarillos que sólo se aprecian al acercarse y que a lo más le dan una apariencia ocre. Pasé un par de días metido allí y la verdad es que esa percepción cromática cambia cuando se atiende al detalle, como espero se pueda ver haciendo clic en la imagen siguiente, que corresponde a un sector paramero que se encuentra a más de 4300 metros de altitud sobre el nivel del mar.
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Treinta años hace "y unas horas" que en tal fecha como hoy mi amigo Ernesto y yo iniciamos un recorrido por Colombia, Ecuador y Perú, desde Maracay a orillas del lago "de Valencia" hasta Juliaca y Puno a orillas del Titicaca que nos llevó un mes. El viaje tuvo un tinte más bien lítico, porque nuestra atención se centraba en piedras de todo tipo: ruinas, estatuas, murallas, desiertos...
El caso es que las diapositivas tomadas durante aquel viaje fueron el motor para el proceso de digitalización que contaba días atrás y que como primer resultado ha producido un par de galerías, una de Ernesto de alrededor de 100 imágenes y otra mía con unas 80. Había más, pero la selección ha sido más excluyente con el paso de los años; con todo, las fotos han sufrido todo tipo de pérdidas, incluidas las del propio proceso de digitalización, así que tienen más interés histórico que propiamente fotográfico.
Por primera vez en tantos años he hecho un mapa del recorrido, y además el trazado pasando por los principales puntos en formato KMZ (para verlo con GoogleEarth). Esto me ha dado casi más trabajo que el propio viaje, pero ahí está disponible para algún ocioso con tiempo para viajar virtualmente. En resumen:
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Como conté hace unos días, estoy embarcado en un proceso absorbente de digitalización de diapositivas. La práctica hace al maestro, dicen; sigo practicando pero falta mucho para que me den la maestría. Me parece conveniente para efectos divulgativos echar el cuento de las condiciones de trabajo y eficiencia o productividad que he alcanzado.
Una vez instalado el aparataje y adquirido un paso y una metodología, se toman alrededor de 200 fotos por hora. Impresionante, ¿no? Pero no se puede trabajar una hora seguida sino a costa de un dolor de vértebras que se suponían inexistentes. En tramos de 20 minutos se sacan entre 60 y 100 fotografías, digamos, crudas. El equipo digitalizador que estoy utilizando -en la imagen-, consta de cámara (azul); lo imprescindible, un cilindro duplicador (morado) que tiene un lente de acercamiento y un difusor de luz; lámpara (verde oscuro), en este caso un bombillo fluorescente de 20 W, que no es gran cosa, pero funciona; trípode (verde claro) porque todas las fotos son lentas, entre un octavo y un treintavo de segundo, también porque utilizo una abertura de 13 a 16, para garantizar lo más que se pueda el enfoque. Otras cosas: anillos adaptadores (marrón), cajas para asegurar que el peso no mueva el armatoste fotográfico, y finalmente, prescindible pero muy útil, una mesa de luz (amarillo) en este caso suministrada en calidad de préstamo, que es muy práctica para ordenar y elegir las diapositivas que van a "sufrir" el proceso.
Lo que consume tiempo es el "post-proceso"; implica en muchos casos rotar la foto y siempre hacer recortes. Después, un ajuste automático de niveles que produce una mejora sustancial, pero debe afinarse con balance de blancos ocular (esto es: a ojo). Si se quiere derrochar tiempo, también se pueden eliminar marcas, hongos, etc. Aquí podemos hablar de unas 30 a 50 imágenes corregidas por hora, y eso a todo tren y sin mucho miramiento.
Como debo presentar algún resultado, aquí va. Unas vistas de Caracas y Maracay en 1997 y otras obtenidas durante un escabroso ascenso a La Silla de Caracas en mayo 1978 y lo que quedó del ascenso al pico Bolívar (La Aguja) en marzo de ese mismo año.
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Nadie en su medio sano juicio estará tomando diapositivas en estos tiempos; pero hubo una vez en la que eran la mejor opción para tener imágenes de buena calidad y a un precio asequible. La consecuencia de eso es que quien lo hizo acumuló una cierta cantidad de diapositivas y no sabe qué hacer para que no estropeen más de lo que ya están ni para verlas de vez en cuando, que se supone era el propósito de haberlas tomado. Bueno, ya se entiende por dónde va la cosa: yo soy uno de esos que tiene unas tres mil diapositivas pudriéndose, pero que tiene ganas de recuperarlas. Y hay que tener muchas ganas.
El proceso empieza con las pruebas; al principio uno de iluso utiliza un escáner para que queden bien, pero al llegar a la tercera digitalización ya se nota que ese no es el camino. El escáner, cualquier escáner, es lento y fastidioso. Así que, el siguiente paso es fotografiar las diapositivas. Se puede hacer en forma casi directa, pero los resultados no son adecuados: fallas de nivel, diferencias de luz, enfoque, etc. Así que resulta mejor conseguir un aparato 'ad hoc', llamado duplicador de diapositivas que consiste en un cilindro que se conecta al lente de una cámara (digital, se supone) y que en la punta dispone de un difusor de luz (pieza clave) y algún mecanismo para deslizar las diapositivas.
Eso es nada. Luego hay que buscar una fuente de luz apropiada (¿quién tiene una fuente de luz apropiada?). Lo que tengo a disposición es una lámpara fluorescente; eso implica uso de trípode para la cámara, porque la luz no es precisamente brillante; el conjunto que forma la lámpara, el trípode, los cables que van implícitos y el grupo de diapositivas ocupan un espacio considerable. Al final, se pone uno a fotografiar las fotos, una por una y parece que ya está listo.
Pero no. Ahí es cuando empieza el trabajo. Es evidente que las diapositivas serán viejas, por lo tanto en el mejor de los casos sólo han perdido color, pero pueden tener moho, suciedad, insectos ¡quién sabe! Así que al descargar las imágenes al computador viene el asunto de revivir los colores originales y justificar tamaña inversión de esfuerzo. Para resumir, diré que los ajustes automáticos de niveles funcionan bastante bien y logran un resultado que es tolerable. Y es que necesariamente deben usarse ajustes automáticos porque de otro modo en cada imagen se pueden pasar varios días.
Este ejemplo servirá para tener una idea. La imagen superior es la "original", esto es, la descargada directamente de la cámara y es un muy similar a la diapositiva original. Claro que la definición nunca será igual, por el hecho de fotografiar una fotografía la profundidad del color y la precisión de los detalles no es tan buena como lo fue la diapositiva en sus tiempos de esplendor. El borde negro señala también la inadecuación de la orientación, cosa que puede mejorarse algo. Puede notarse aún en esta miniatura cómo la diapositiva tiene un color violeta predominante (se trata de una iglesia en Quito). Una primera aproximación de ajuste de niveles (hecha con Gimp, aunque Gthumb también lo hace bien) deja un resultado mejor pero con tinte verdoso; mucho rato de experimentación y búsqueda produce la tercera imagen, mejor balanceada (también con un ajuste de perspectiva). El truco está según parece en el balance de blancos. El problema es que el Gimp provee tres herramientas para encontrar el balance apropiado: por punto negro, por punto gris o por punto blanco; y a veces no se consigue en toda la imagen un punto que satisfaga a ninguna de las tres. Por lo que al final ya uno no sabe cuál es el color que estaba buscando ni cuál era el original. Realmente tiene su ciencia (y su arte). El caso es que -si me buscan- estaré digitalizando diapositivas y notificaré su publicación cuando sea el caso.
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Hacía bastante tiempo que no me acercaba hasta Caracas y dado que se tarda más de una hora entre la bajada de Tazón y El Pulpo (por el estrechamiento de la autopista en la salida de Santa Mónica, como ha sido toda la vida, no por otra cosa) hay suficiente tiempo para apreciar la construcción tradicional, cosa que también existe en el resto del país -por supuesto- pero que gracias a la topografía caraqueña es muy visible allí. Hazañas estructurales, atrevida volumetría, vegetación integrada, servicios ocultos y ahorro de materiales son algunas de las características.

Es como ver rascacielos acostados.
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