Mapas o vistas del sitio

Aquí se muestran diversas maneras de acceder al contenido publicado; en primer lugar en sentido cronológico, luego por categorías principales y finalmente por secuencias temáticas (aún muy incipiente). Hacer clic en cualquiera de los enlaces lleva a una lista de notas que corresponden sea con la fecha, la categoría o el tema respectivo.

Plano de riego

La Colección Schøyen de manuscritos es -dicen- la más grande del mundo mantenida por particulares; tiene más de 13000 manuscritos de todas las épocas y regiones del mundo y eso que no tiene un siglo de iniciada. De todo eso, que aparentemente se encuentra preservado adecuadamente y repartido entre Oslo y Londres, ponen en su sitio de Internet unas setecientas imágenes, seleccionadas por Martin Schøyen. Allí encontré esta foto de una tableta de arcilla que según la nota que la acompaña es un plano de un sistema de riego anexo al río Eufrates. En las 22 líneas de texto cuneiforme se incluyen siete que dan medidas de largo, ancho y profundidad de los canales, que además tienen su nombre. Está fechado (así no hay que especular) el día 26 del mes abe de uno de los años del rey Ammi-Ditana de Babilonia, esto es hace unos 3670 años.

Cuentan allí que hay otros cuatro mapas babilónicos, pero todos son al menos mil años posteriores a éste; sugieren que se trata de un mapa o plano de trabajo de un ingeniero ocupado en las obras de riego...

Quiero creer que el siguiente párrafo (tomado de acá) es cierto:
La importancia y unicidad de los materiales de la Colección Schøyen va más allá del rango de una colección privada, o incluso de una colección pública nacional. Estos manuscritos son la herencia del mundo, la memoria del mundo. No se asumen como pertenecientes realmente a la Colección Schøyen y su propietario, quien es el guarda privilegiado, ni pertenecen a una nación, pueblo, religión o cultura en particular, sino a la humanidad, son propiedad del mundo entero.

Los cráneos transparentes

Un rumor referido a ciertos cráneos de cristal me ha venido rondando, y por fin he visto un recuento aparentemente autorizado que, aunque no explica de dónde vienen, describe su aparición y los coloca en contexto. Su autora, Jane MacLaren Walsh es antropóloga y parece ser la mayor autoridad sobre el asunto. Los cráneos de cristal de roca (cuarzo) comenzaron a aparecer a mediados del siglo XIX, no antes. Habla de unas tres "generaciones", los primeros no pasaban de cuatro centímetros de altura. Los últimos llegan hasta 25 cm. En ningún caso se han encontrado en sitios arqueológicos y siempre han sido obtenidos por vías no documentadas; al menos hasta su entrada en museos; como es el caso de la imagen (abajo) del conservado en el British Museum donde es exhibido como una curiosidad.

Cráneo en el British Museum

En el artículo, Mrs. Walsh encuentra que los cráneos aparecieron relacionados con un traficante de objetos antiguos, Eugène Boban, que vivió en México y tenía una tienda dedicada a esos menesteres (no lo acusa de falsificador, pero lo presenta con las herramientas en la mano :-) ) En conclusión, los cráneos no tienen nada que ver con los aztecas u otras culturas americanas, no son antiguos, y su elaboración implica maquinaria moderna. Claro que siempre hay interpretaciones misteriosas, para el que las quiere o necesita.

Antiguas grafías y Gelb

Hace un par de días suponía que podría ver por la red el nuevo programa del canal PBS, Cracking the Maya Code, pero no. Resulta que sólo se puede ver desde el territorio norteamericano, como si eso tuviera sentido; hube de recurrir a cierto sitio sueco para corregir el asunto. En cualquier caso, el sitio que complementa el programa de TV da suficientes indicios sobre el tema, una historia del desciframiento de la escritura maya, tan apasionante como p.e. la de los jeroglíficos egipcios. El programa, basado en un libro de Michael D. Coe, resume en unas cinco etapas principales el largo proceso, que según dicen, permite entender en la actualidad los jeroglíficos mayas como en un noventa por ciento.

Una página del códice Dresden

En primer lugar, la escritura maya se conserva principalmente en grabados en piedra y en objetos cerámicos; del papel o corcho que utilizaban para escribir sólo se conservan tres o cuatro libros, o códices, el más largo de los cuales es el de Dresden que tiene 39 hojas (se puede ver completo aquí).

Resulta que la primera clave para descifrar la escritura se encuentra en un capítulo del libro de Diego de Landa 'Relación de las cosas de Yucatán' (PDF, pero sin gráficos), escrito por el mismo famoso obispo que en 1562 quemó centenas de libros mayas que consideraba obra del demonio (es curioso -o simplemente lógico- que el dogmático vea a su peor enemigo en lo desconocido o diferente y eso lo haga comportarse exactamente como aquello que odia). En el libro, Landa describe cómo preguntó por las "letras" a, b, c y demás, y escribió sus equivalencias, aparentemente le respondían con los signos correspondientes a esos sonidos y la transcripción es confusa; sin embargo, parece que nadie -por varios siglos- tomó en serio el hecho de que era fonética, que es el punto importante.

No fue hasta 1832 que se dió el primer paso concreto hacia la comprensión de los textos, cuando Constantine Rafinesque-Schmaltz -todo un personaje- vió cinco páginas del códice de Dresden publicadas por Humboldt y descubrió, aunque estaba a la vista de todos, que los puntos y las barras que se repetían frecuentemente -como en la página del códice de Dresden mostrada a la derecha- eran representaciones de números; ya que nunca había más de cuatro puntos, dedujo que la barra correspondía al número cinco y el punto al uno.

Entre 1880 y 1900, Ernst Förstemann, director de la Biblioteca Real de Dresden, donde estaba y está el códice de marras, parece fue quien notó que su sistema numérico era vigesimal y quien descifró todo el sistema astronómico, incluído el ciclo de 52 años y la fecha de la creación del mundo que para los mayas era el 13 de agosto del año 3114 a.C., ni un día antes ni uno después. También fue el primer divulgador del códice, hizo dos ediciones en 1880 y 1892 de unas sesenta copias mediante un proceso fotográfico ("cromolitografía") con comentarios del propio Förstemann. Por la impresión que dan los resultados de búsquedas en Internet, el trabajo de Förstemann no está suficientemente valorado, apenas si tiene una página en la Wikipedia alemana y ninguna en otro idioma.

El programa de TV resalta a continuación el trabajo de Alfred Maudslay que sin haber descifrado nada, contribuyó con un registro fotográfico de alta calidad de muchos sitios mayas (en la foto abajo, el templo de Chichén Itzá -fragmento-) y detalles de las inscripciones; de este modo, muchos estudiosos pudieron acceder a una representación fidedigna de los glifos. Entre aquellos años y los cincuenta del siglo pasado, Eric Thompson se convirtió en el erudito más respetado en asuntos mayas, pero entre sus convicciones estaba la de que las inscripciones no se referían a hechos históricos, sino a asuntos astronómicos y religiosos, pensaba que los personajes representados eran dioses y que toda la preocupación de los mayas era el paso del tiempo.

Chichén Itzá por Maudslay


Mientras tanto, y fuera de la órbita dominada por Thompson, Yuri Knorozov propuso en 1952 que los símbolos de las inscripciones eran fonéticos. Según el programa, Knorozov estudió lingüística después de quedar fascinado por una copia de tres códices que encontró en la Biblioteca Nacional de Berlín cuando el ejército ruso llegó a esa ciudad. Knorozov notó que los glifos mayas no pasaban de 800 (Thompson les había asignado un número a cada uno) y por lo tanto, no era un alfabeto ni un sistema logográfico como el chino; también resultaban pocos para un silabario, se concluye entonces que era un sistema mixto, como la mayoría. Según Knorozov los signos tienen valor silábico (normalmente del tipo consonante-vocal) y se dió cuenta de que en los casos de palabras del tipo consonante-vocal-consonante se utilizaban dos signos omitiendo la última vocal. Además, estaba convencido de que el idioma utilizado era el mismo de los modernos mayas. Con toda razón se podría decir que Knorozov es el principal protagonista del desciframiento. Thompson, por otro lado, no aceptó nunca (al final, parece que sí) las conclusiones de Knorozov, porque era comunista. Como ejemplo, el símbolo para oeste -a la derecha- compuesto por dos glifos, un sol y una mano con el índice y el pulgar en contacto, era visto por Thompson como completación del ciclo del sol, en cambio Knorozov se dió cuenta que en maya actual, sol se dice 'kin' y oeste 'chikin', así que simplemente asignó un valor fonético a cada símbolo, por supuesto, después de hacer muchas otras comprobaciones. Knorozov fue quien estudió a fondo las transcripciones de Landa, cuya página clave se muestra abajo, y que entendió los errores del obispo, ya que Landa siempre creyó que la escritura era alfabética.

Página de la Relación, de Landa

Debido al asunto aquel de la guerra fría, los hallazgos de Knorozov pasaron por debajo de la mesa hasta que en 1958 Tatiana Proskouriakoff, una arquitecto dedicada a dibujar y reconstruir en dibujos las ruinas de los sitios mayas, probablemente influída por la lectura de Knorozov, descubrió que las estelas inscritas de Piedras Negras contenían un patrón consistente; se dedicaban cada cinco años y la primera siempre mostraba la imagen de una persona en un nicho, Proskouriakoff determinó que se trataba de la ascensión al trono de un rey, y el resto mostraban al mismo rey en cada aniversario lustral. Fue Proskouriakoff quien convenció a Thompson de que Knorozov tenía razón, y que las personas representadas en estelas y monumentos eran históricas y no mitológicas. Además, era una dibujante estupenda como se puede ver por las reproducciones que muestran en el programa, con gran visión reconstructiva (hace pensar que quizá los arquitectos sí puedan servir para algo).

Dibujo de Proskouriakoff

En 1973 se hizo una reunión en Palenque que parece marcó el momento culminante del desciframiento en el mundo erudito, ya que allí mismo Linda Schele y Peter Mathews pudieron reconocer en la Tableta de los 96 glifos, toda la línea dinástica creada por un tal Señor Escudo, llamado así por la forma del glifo que lo representa; más tarde denominado Pakal (escudo en maya). Pakal es seguramente el personaje más famoso de las élites mayas, desde que Von Däniken lo popularizó como el "maya astronauta" por la roca labrada que se encontró sobre su sarcófago, bajo una pirámide en Palenque.

El último capítulo de esta odisea epigráfica trae como protagonista a David Stuart, quien ya a los 12 años (1977) publicó un primer artículo sobre los textos mayas. Stuart dió un toque casi final al descriframiento al notar que un mismo sonido puede representarse de muchas maneras; tantas que, p.e., el sonido u tiene como quince; aparentemente esto se debe a que cualquier signo que comience con el sonido puede utilizarse, lo que da como resultado una diversidad no vista en otras escrituras (quizá es más bien falta de ortografía :-) ). Stuart mantiene un blog cuyo título es 'Desciframiento Maya', en el que va proponiendo cosas que se le van apareciendo sobre el tema. Realmente el aporte de Stuart parece ser muy importante y tan precoz que requiere alguna explicación. Yo la encontré en esta imagen del programa en la que aparece cargado por su padre durante un recorrido por un sitio maya.

David Stuart con chupón

Aproximadamente cuando Stuart tenía 12 años, compré uno de los pocos libros que todavía conservo, la "Historia de la Escritura" de Ignace J. Gelb (1907-1985), que me había costado 32 bolívares, más o menos el triple del precio de cualquier otro libro tapa blanda de la época, pero nunca me arrepentí de su adquisición. En él, Gelb plantea una línea coherente en la evolución de los modos de escribir, desde unas etapas pre-escriturales, pasando por la logografía, a los silabarios y llegando a los alfabetos, pero con una visión amplia, también percibía la posibilidad de que se formase un ciclo, al notar que hay una tendencia hacia sistemas pre-escriturales, por ejemplo en las señales internacionales de carreteras y aeropuertos. No tenía idea de quién era Gelb, hasta que un día viendo el artículo sobre la historia de la escritura en una edición de la Encicloædia Britannica ví estaba firmado con las iniciales I.J.G. lo cual me dió una idea más precisa sobre su relevancia. Gelb era un erudito como pocos y en el libro muestra cantidades de sistemas estudiados por él y clasificados convenientemente, según su idea evolutiva, que quizá ahora luce algo forzada. Uno de los puntos resaltantes que recuerdo del libro, y que causaba dudas a pesar de todo, era que según Gelb las inscripciones mayas no eran escritura propiamente dicha. Ahora entiendo que seguramente estaba influído por Thompson, ya que el libro es de esa época; era un asiriólogo, y no conocía directamente los jeroglíficos mayas. A pesar de ese error, recuerdo ese libro con agrado por la cantidad de buenos ratos que me hizo pasar, y de hecho debo a su lectura el estar pendiente de cosas como las que he tratado aquí.

Sobre árboles y ortografía

Esta nota de Ars Secreta me recordó que la Biblioteca Nacional de España tiene el servicio Biblioteca Digital Hispánica donde se encuentran un número importante de reproducciones digitales de libros y manuscritos antiguos; en el denominado Obras Maestras hay unos 150, de los cuales 10 se encuentran en la clasificación Historia de América. Un primer acercamiento me lleva a revisar Ouiedo de la natural hystoria de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), publicado en 1526, y que muestra entre otras cosas, el asombro por la naturaleza americana. Varias cosas llaman la atención, una es la consistencia, ya en ese tiempo utiliza nombres todavía comunes como guayacán, mamey, guayaba, hobo (jobo), guanábana, bijao, etc., y eso aunque hace un gran esfuerzo por asimilar lo que encuentra con las cosas que conoce (como hicieron todos los colonizadores). La otra, más notoria, es la ortografía (o su carencia, diría yo), hace bastante difícil leer el texto; pero como Oviedo dedica un capítulo a los árboles grandes y allí a uno en particular, me pareció pertinente hacer el esfuerzo. En una transcripción lo más aproximada que se me ocurre, dice:

Aruoles grandes. Cap.lxxviii.
A tierra firme ay tan grandes aruoles que fi yo hablaffe en parte que no ouvieffe tantos teftigos de vifta con temoz lo ofaria dezir. Digo que a vna legua del Darien o cibdad de ftä Maria del antigua paffa un rio harto ancho...

aruoles grandes

En casi 500 años que han pasado, no deja de ser notable que la lengua sea tan legible, una vez solventada la tranca inicial que es puramente ortográfica. El libro tiene pocas ilustraciones, una de las más grandes es esa del mayor árbol que Oviedo vió, y que detalla en esta descripción (con ortografía actualizada):

El mayor árbol que yo he visto en aquellas partes ni en otras fue en la provincia de Guaturo; el Cacique de la cual estando rebelado de la obediencia y servicio de V.M. yo fui a buscarle y le prendí; pasando con la gente que conmigo iba or una sierra muy alta y muy llena de árboles; en lo alto de ella topamos un árbol entre los otros, que tenía tres raíces, o partes de él, en triángulo a manera de trébedes, y dejaba entre cada uno de estos tres pies abierto más espacio de veinte pies, y tan alto que una muy ancha carreta [...] cupiera muy holgadamente por cualquiera de todas tres lumbres, o espacio que quedaba de pie a pie [...] Algunos españoles subieron por el dicho árbol y yo fui uno de ellos; y desde adonde llegué por él, que fue hasta cerca de donde comenzaba a echar brazos, o las ramas, era cosa de maravilla ver la mucha tierra que desde allí se parescía hacia la parte de la provincia de Abrayme. Tenía muy buen subidero el dicho árbol porque estaban muchos bejucos rodeados al dicho árbol, que hacían en él muy seguros escalones [...] Yo le puse nombre a aquella montaña, la Sierra del Arbol de las Trébedes. Esto que he dicho vió toda la gente que conmigo iba quando como dicho es yo prendí al dicho Cacique de Guaturo en el año de M.D.xxii.

Aparte del papel secundario que Oviedo da a la captura del cacique, parece que ninguno de los nombres de sitios se mantiene en el área donde estas cosas ocurrieron: Panamá, exceptuando el de Darién. No es difícil imaginar la impresión que se llevarían los primeros europeos cuando vieron la cantidad y variedad de árboles, en particular en las selvas, ya que cualquiera tiene esa impresión cuando llega a una. No sé si el árbol de las "trébedes" (trípodes) sería como los cucharos (Gyranthera caribensis) que se ven con frecuencia en la selva nublada del Parque Henri Pittier, se me antoja que sí; o quizá un "matapalo" como este que se ve en la foto, tiene menos de ochenta años, un muchacho pues, y ya se aprecia en lo que se puede convertir (y ¿cómo sé la edad que tiene? Fácil: las raíces están situadas sobre el muro que limita la Estación Biológica de Rancho Grande, que debe ser de los años treinta del siglo pasado).

Arbol grande

Pellacata

Mi diario recorrido por BibleOdyssey trajo ayer un interesante acertijo producido por un par de cosas: una, entre las ilustraciones de un libro de Johannes Nieuhof (1618-1672) acerca de sus viajes por la India, estaba ésta (abajo) que muestra la ciudad de Pellacata con su castillo y, ya se sabe que no puedo ver algo que parezca un mapa porque quedo embelesado:

Pellacata

En segundo lugar, el autor de BibleOdyssey explica que las láminas corresponden a la traducción al inglés del libro de Nieuhof hecha por la editorial Churchill de Londres en 1703, dedicada a los libros de viajes, pero que no era muy fidedigna en esto de las fuentes. Así que ante la duda de si el mapa de Pellacata correspondía a una ciudad totalmente diferente a su representación, o era quizá incluso pura invención, me puse a buscar...

El primer error fue buscar en la costa malabar, oeste de la India, cosa que hice porque el resto de los dibujos correspondían a esa zona; al cabo, resultó que la tal ciudad está situada en el sureste de India, y su nombre actual es Pulicat (o Pazhaverkadu, Tamil Nadu) y está situada en un lago o más bien, albufera, como se intuye en la imagen original. Una vez encontrado el sitio e imposibilitado de viajar hasta allá para tomar la foto correspondiente, me conformaré con esta vista "googleearthica":

Pulicat

Pulicat fue un enclave portugués, holandés en la época de Nieuhof, luego británico. El fuerte construido por los holandeses, llamado Geldria (aquí hay un detalle, junto con monedas de la Compañía holandesa de las Indias Orientales) que aparece en estado prístino en la imagen original, ha desaparecido. En su lugar parece haber una especie de parque arqueológico, la mayor área verde del pueblo actual. Las colinas que parecen rodear la ciudad son puro invento, es de suponer que el dibujante imaginó ese punto de vista. La salida al mar, no está frente a Pulicat, sino a unos cinco kilómetros más al norte (ambas vistas están dirigidas al este). La entrada que parece principal ha cambiado, pero en general la conformación general del poblado y su accesos se mantiene, incluso la laguneta situada dentro del área urbanizada. Afortunadamente, los ajusticiamientos de nativos reflejados a la izquierda del dibujo, se fueron con los colonizadores.

Cómo se escribe...

Dando tumbos por los entresijos de la red encuentro el sitio de Peter Cho, autor de una instalación (artística) denominada Takeluma que según sus palabras busca "explorar la relación entre sonido, línea y cuerpo".

La instalación propiamente dicha, resultado de su tesis de maestría en MIT Media Lab, fue efectuada en Los Angeles en 2005; pero lo que me enganchó en primera instancia fue este planteamiento extraído del sitio dedicado a la obra: si se presenta ante una persona la siguiente gráfica y se le pide asociar las dos partes con las palabras inventadas takete y maluma (también “bouba” y ”kiki”)

takete y maluma

más del 95% de las personas emparejará la parte izquierda con takete y maluma con la parte derecha. Resulta que experimentos de este tipo se vienen haciendo desde los años 20 y parecen constatar una relación consecuente entre sonido e imagen que no estaría asociada al lenguaje. Mi reacción fue la previsible y de verdad me impresionó; sin embargo, un segundo acercamiento al asunto me hizo notar que las letras T y K son angulares, mientras que M (al menos minúscula) y B son redondeadas, con lo cual habría que ver si la asociación se mantiene en personas analfabetas o que manejan algún tipo de escritura no latina.

Porque el mismo Cho publica el contraargumento en su tesis (PDF), un papel de unas treinta páginas con una compilación sumamente atractiva de ideas acerca de escrituras imaginarias, alfabetos ideales y reflexiones sobre las máquinas como intermediarias en la cadena sonido-imagen-significado (incluyendo el lápiz) y que entre otras citas interesantes tiene esta de Walter Ong, pues aunque
las palabras están basadas en el habla, la escritura las encierra tiránicamente en un campo visual para siempre. El individuo alfabeta no puede retener un texto puramente oral sin apelar a la imagen de su representación escrita
así que el experimento anterior pudiera ser no más que la corroboración de esa idea.

Cho menciona tres niveles de enlace entre sonido y significado; un nivel corpóreo (o básico) en el que el sonido significa directamente (como un grito o una carcajada), un segundo nivel "imitativo" expresado en las onomatopeyas, y un tercero que llama simbolismo sonoro sinestésico refleja el uso de ciertos fonemas o entonaciones para representar propiedades -visuales o táctiles- de los objetos, como por ejemplo cuando decimos "era graaaande" o "dulciiito". Dice que es común en todos los idiomas que las palabras que denotan pequeñez tiendan a poseer vocales frontales altas (según entiendo, i, e). En otro tipo de simbolismo, menciona los grupos de letras que parecen relacionarse con ciertos campos semánticos aunque dependientes del lenguaje específico, como por ejemplo -en inglés- el grupo gl que parece estar presente en palabras que se refieren a la luz reflejada (glisten, glitter, glimmer, glass, glow, gleam). Refiere que hay una compañía llamada Lexicon Branding que se dedica exactamente a eso, a encontrar ese tipo de relaciones para crear marcas comerciales; según un artículo referido por Cho (se puede ver aquí) han encontrado que los sonidos consonantes como p, b, t, d implican lentitud y que los fricativos como f, v, s, z rapidez. En suma, aprovechan las posibles connotaciones emocionales de los sonidos para vender, "cortocircuitando el intelecto y apuntando a las entrañas, atacando los impulsos primarios de deseo y lealtad de marca que nos hacen consumir" en palabras de Cho. Los futuristas y los dadaístas serían quienes aprovecharían en sentido más irracional esa capacidad de emocionar sin semántica; como ejemplo cita a Kurt Schwitters que compuso una especie de sonata (Ursonate) con frases sin sentido alguno, aunque escrita para pronunciarse en según la ortografía alemana (aquí se puede escuchar).

Luego, Cho prosigue su discusión presentando el alfabeto coreano hangul o hangeul que tiene la particularidad de haber sido creado apenas en 1446 y adaptado a las condiciones del idioma; cada signo se inscribe (y escribe) en un cuadrado imaginario y corresponde a una sílaba. El hangeul sería el alfabeto más racional existente, debido en parte a su falta de historia, y aunque da la impresión de ser ideográfico es totalmente fonético. Ya se sabe que la escritura en idioma inglés es prácticamente logográfica y casi absurda, el alfabeto coreano sería su opuesto, seguramente por esa razón Cho pasa a contar el concurso que George Bernard Shaw propició para diseñar un alfabeto fonético adecuado para esa lengua y distinto del latino. El ganador, Kingsley Read cuenta las peripecias del desarrollo, que incluyeron una decisión judicial adversa a la adjudicación de dinero del legado de Shaw para ese fin. Este alfabeto, ahora llamado 'shavian' es sistemático y adaptado a la escritura cursiva, aunque tiene poco uso actualmente.

En una onda algo distinta, Cho recuerda el proyecto de Donald Knuth (creador de TeX) de metafont, no un alfabeto sino un conjunto de instrucciones (software, al cabo) para crear o describir familias tipográficas, porque una cosa (el sonido representado en el alfabeto) va con la otra (la calidad visual o expresiva de la letra). Cuenta acerca de las placas metálicas cubiertas con algún granulado, como arena, que Chladni hacía vibrar con un arco de contrabajo en las que aparecían patrones sorprendentes (en 1785) y que sería una de las primeras formas de representación gráfica del sonido. Más sonoro es el invento de Edouard-Leon Scott de Martinville del fonautógrafo, un dispositivo que dibujaba las ondas (por la vibración de una membrana) en un tambor rotatorio ya en 1860, que por cierto ha causado cierto revuelo hace pocos días debido a que se pudo reproducir un fonoautograma preservado en papel. Después de estos y otros análisis, Cho diseño un fonoautógrafo digital que transforma las palabras emitidas por el espectador-actor en un micrófono en una gráfica contínua, pero con la particularidad de que cada fonema es representado consecuentemente, según un alfabeto diseñado por Cho en el que las consonantes se muestran como deformaciones de una línea u onda y las vocales mediante la división de esa línea.

Takeluma

Una tesis que no ha sido una carga leer (¡al fin!).