Palacio Valdés

Palacio ValdésMás de un perdido o ignorante como yo habrá creído que el edificio donde veía películas de romanos -en aquellos tiempos en que ir al cine era realmente una actividad cultural- era un palacio convertido en teatro de ocasión... pero no, el teatro homenajeaba a Armando Palacio Valdés (1853-1938, imagen tomada de aquí y retocada con GIMP y GMIC), escritor muy celebrado en Avilés aunque sólo vivió su infancia allí; quizá por esa afinidad me sentí obligado al recorrer los libros del Proyecto Gutenberg a descargar alguna de sus obras para tratar de compensar el no haber leído algo de tan renombrado autor.

Leí La hermana San Sulpicio, publicada en 1889 que trata de un médico/poeta gallego que anda de turista por Andalucía y se enamora de una monja sevillana de visita en las aguas termales de Marmolejo (Jaén); la acción después se desarrolla en Sevilla. Inevitablemente refleja el tiempo en que fue escrita y algunas partes se hacen algo pesadas descriptivamente pero muchas situaciones son tan divertidas que contradicen directamente la imagen que uno podría tener de una eminencia decimononónica como Palacio Valdés. Voy a leer también Marta y María que según cuentan habla de dos visiones de Avilés y es la obra que le dió notoriedad.

La música del pitagórico Platón

Contra lo que pudiera pensarse al ver la machacante cantidad de noticias que repiten el asunto, el trabajo de Jay Kennedy sobre la estructura digamos por ahora oculta de los diálogos de Platón, es realmente interesante. Como el propio autor confiesa, la intuición surgió durante un tiempo en que dictaba dos cursos simultáneos, uno sobre la República de Platón y otro de historia de las matemáticas en el que discutía algo de la música y la matemática pitagórica.

Y de eso se trata, un análisis esticométrico -que es como se decía en griego lo que ahora con palabras griegas se llama bibliometría- de la obra de Platón arroja unas correspondencias que apuntan a conclusiones relativamente sorprendentes (trabajo completo, PDF).

La esticometría era la medición del número de líneas de un texto, ya que no se contaba por páginas y se utilizaba para asegurar la calidad de las copias y para determinar los pagos de los copistas entre otras razones; quizá también se utilizaba como una especie de pie poético manteniendo cierta longitud en cada línea. Kennedy recuenta ciertas fuentes antiguas (principalmente el catálogo de Calímaco que contó todas las líneas de las obras en la biblioteca de Alejandría) que informan sobre su uso particularmente en autores pitagóricos. Análisis previos mostraban que las líneas de los diálogos de Platón estaban en promedio entre 35.56 (en el Cratilo) y 34.32 (en el Banquete) caracteres; Kennedy aproxima a un promedio de 35 caracteres por línea. El hecho de que los diálogos hayan sobrevivido relativamente bien pudiera deberse a la utilización de estas medidas.

La primera observación de Kennedy tiene que ver con la situación de ciertos discursos en algunos diálogos; como el discurso de Sócrates en el Menexeno que ocupa diez doceavos del libro. Observaciones similares en otros diálogos le llevan a suponer que la estructura de los diálogos estaba compuesta en doce trozos, y pone ejemplos abundantes en los que las intervenciones de los dialogantes cuadran con muy poco error con cada una de esas doceavas partes.

Ya puesto sobre la pista, evidencia que con un error no mayor de uno o dos por ciento:La Apología tiene 1200 líneas, o 100 por doceava parte
El Protágoras, el Cratilo, el Filebo y el Banquete tienen cada uno 2400 líneas, 200 por doceavo
El Gorgias tiene 3600 líneas, o 300 por doceavo
La República tiene 12000 líneas, o 1000 por doceavo
Leyes tiene 14400 líneas, o 1200 líneas por doceavo.

Tanto la longitud de los diálogos como la de los discursos y ciertos cambios significativos en los argumentos dan la impresión del uso de una estructura esticométrica y la utilización del número 12 en varios contextos.

Además, la comparación entre diálogos muestra que en el punto medio, alrededor del 50 por ciento de la longitud del texto hay referencias a la justicia o a la sabiduría, o ambas. Los párrafos con connotación negativa suelen aparecer en ciertas posiciones, típicamente en los doceavos diez y once, mientras que los conceptos positivos predominan en los doceavos ocho y nueve. Kennedy menciona que aunque hay referencias al mal y al bien, uno de ellos es preeminente en cada uno de los sectores en cuestión.

Esto lleva a la conclusión de que Platón utilizaba la escala musical de doce notas como patrón sobre el cual escribir los diálogos. Algunas partes del contenido se colocan según sean más o menos armónicas; según entiendo, la relación es por proporción numérica, como la cuarta que en términos musicales corresponde a la posición del dedo sobre una cuerda extendida (monocorde) que da esa nota a 1/3 de su longitud y así la tercera corresponde a 1/4; etc. Las relaciones que contienen números enteros y bajos se consideraban armónicas y las de números altos disonantes y así habría Platón (o quien haya escrito los diálogos) distribuido sus mensajes positivos/armónicos o negativos/disonantes.

A pesar de las aproximaciones y los posibles errores, buscar una estructura esticométrica en obras atribuidas a Platón da resultados congruentes con los estudios previos; diálogos apócrifos como Sobre la justicia, el Minos y otros no tienen tal estructura, por lo tanto, también serviría para establecer la autoría platónica (o al menos de una escuela similar) en los casos dudosos.

Eruditos connotados habían establecido que Platón no era pitagórico y muy poco aparece Pitágoras en su obra, sin embargo hay muchos escritos de neo-pitagóricos que proclamaban la existencia de mensajes escondidos en los textos de Platón en los cuales se evidenciaría ese carácter pitagórico oculto. De ahí que el propio Kennedy hable de un desciframiento del código de Platón.

Para rematar lo que luce un argumento convincente, Kennedy plantea que hay alusiones al número áureo, o proporción dorada (según Euclides: "cuando la línea entera es al segmento mayor como el mayor es al menor.") en el punto porcentual 68,1 de los diálogos; un número relacionado con el centro apropiado entre extremos (aurea mediocritas) y que según Aristóteles era una cosa típicamente pitagórica.

Sea cual sea la reacción de la academia, este enfoque se siente fresco y vigorizante.

Miguel Angel, el patólogo

Esta reciente nota en Scientific American vuelve a machacar el asunto de la anatomía que Miguel Angel habría ocultado en los frescos de la capilla Sixtina; menciona este trabajo de un par de neurocirujanos recién publicado en el que relacionan uno de los paneles en el que se muestra a Dios -se sabe por la barba posee, como todo el mundo sabe- en una posición algo extraña con una vista desde abajo del cerebro.

Lo que incomoda de la nota periodística es que no dice ni una palabra de la cantidad de antecedentes que hay sobre el asunto, que me voy a tomar el trabajo de poner en secuencia.

La cosa comenzó con este artículo de 1990 hecho por Frank Meshberger, un obstreta quien siendo estudiante se consiguió una imagen de la creación de Adán y enseguida le vino a la mente que se trataba de un corte del cerebro, casualmente lo que él había estado viendo todo el día. Meshberger supone que el mensaje de Miguel Angel era que más que creación de Adán se trataba de una transmisión divina del poder mental y de allí la utilización del cerebro.

En 2000, un nefrólogo de nombre Garabed Eknoyan publicó un trabajo dedicado a mostrar que otro de los paneles de la capilla, el de la separación de las tierras y las aguas, se corresponde a un corte de riñón, como debe ser por la función de este órgano; además, intuye que hay otros paneles que tienen alusiones anatómicas. Sin embargo, en 2002 un resumen del asunto no lo menciona.

En 2004 entran los brasileños, el médico Gilson Barreto junto con Marcelo de Oliveira publican un libro entero, El Arte secreta de Miguel Angel dedicado a las similitudes anatómicas encontradas en la capilla (noticia publicada en muchos lugares entre 2004 y 2005), que según ellos son más de treinta. Pero estos autores agregan el detalle de que Miguel Angel utiliza pistas para señalar qué partes de la anatomía utiliza en cada caso.

Para entender de qué similitudes hablamos se puede ver un ejemplo (toda la capilla Sixtina en 3D se encuentra en esta dirección).

Hombro y Sibila

La imagen de la "Sibila líbica" está en una esquina (¿hombro?) de la capilla y según Barreto allí se encuentra la coyuntura del hombro, claramente señalada por el querubín que apunta hacia su propio hombro. Para apreciarla he colocado una radiografía de hombro más o menos en la situación apropiada; el hombro estaría oculto por el traje de la sibila y de alguna manera constituido por su cuerpo. Como se ve (¿se ve?), hay que invertir la figura y fijarse mucho en el querubín; claro que Miguel Angel trabajaba sobre un andamio y quizá no le importaba el sentido de verticalidad.

No debe ser casualidad que todos los que han descubierto este "código secreto" sean médicos, la capilla Sixtina parece una orgía desaforada con un montón de figuras humanas en cualquier posición y no luce difícil encontrar formas parecidas a órganos. Sin embargo, también es conocido el interés y el trabajo de Miguel Angel con la anatomía así que también es razonable suponer que utilizase ese conocimiento para encontrar inspiración y variedad.

Relacionado: nota de 2005

Digitalizaciones necesarias V

Photocrom fue un proceso litográfico de cierta complejidad que permitía realizar impresiones en color a partir de una fotografía blanco y negro. Fue muy popular a fines del siglo XIX y principios del 20, posiblemente porque era la única cosa parecida a fotografía en color en aquella época, se publicaron miles -o millones- de postales y aunque no son propiamente fotografías retratan ciertamente un momento del tiempo, con ese color gastado y vívido al mismo tiempo.

La Biblioteca del Congreso (norteamericano) tiene una colección de más de 6000 que ha digitalizado, en su mayor parte de Europa, particularmente del este.

Para variar, busqué una imagen de Tiflis (o Tbilisi) y encontré ésta cuya leyenda especifica que fue tomada desde el camino que lleva a la fortaleza. Tras muchos intentos, apenas si conseguí una actual tomada de un sitio no muy lejano y con un punto de vista similar, hacia el monte Mtastminda (fuente) que aparecerá al hacer clic en la imagen.

Tiflis

En este sitio hay también una colección considerable de photocroms de Norteamérica.

La ubicación del templo

De vez en cuando reviso el estado de la búsqueda del templo de Jerusalén; es una de esas cosas...

La biblia dice que David determinó construir un templo y que su hijo Salomón lo construyó efectivamente y da medidas detalladas y datos para su ubicación. Ese templo fue destruido aprox. en el 580 a.C y reconstruido -supuestamente en el mismo sitio- unos 80 años después. Herodes en el siglo I lo embelleció y agrandó, dicen, hasta que los romanos lo destruyeron totalmente en el año 70.

Desde entonces hasta hoy no se ha encontrado ninguna pista sobre el susodicho templo; sin embargo, la tradición lo sitúa en el Monte del Templo, esto es al oriente de la actual Jerusalén, en la explanada que ahora ocupan las mezquitas de la Roca y Al-Aqsa. Aun con esto, hay no menos de cuatro teorías sobre su exacta ubicación, de las cuales hay tres que lo colocan en la explanada del Monte del Templo, o Haram-as-Sharif. La idea ortodoxa es que el santuario estaba justo donde está la roca y la mezquita octogonal que la cubre actualmente. Pero hay muchas objeciones a esa idea por parte de quienes tienen otra. Uno de ellos es Tuvia Sagiv quien ha venido publicando argumentos para sostener que el templo se encontraba debajo de lo que ahora es un pequeño monumento frente a la mezquita Al-Aqsa, llamado El-Kas (La Copa). He leído con interés sus distintas observaciones, que resume y simplifica en un papel publicado en 2008.

Baalbek y Jerusalem

El principal y llamativo argumento es la similitud entre la planta del templo de Júpiter de Baalbek y el Monte del Templo (que se ven lado a lado en la imagen, en ese orden y con una escala casi idéntica) que le hacen suponer un origen romano de la disposición de los edificios; cita varios casos, incluido el propio foro de Roma, en los que un templo rectangular se encuentra frente a un polígono (generalmente hexágono) y con una estatua ecuestre en el centro de ambos. Las actuales mezquitas de Haram-as-Sharif habrían sido construidas entonces sobre fundaciones romanas y Sagiv cree que corresponderían a los cimientos del templo de Júpiter que Adriano hizo construir sobre la Jerusalén arrasada para fundar en el año 138 la nueva ciudad que llamó Aelia Capitolina. Según Jerónimo (alrededor del año 420) la estatua ecuestre del propio Adriano habría sido colocada justo encima del "santo de los santos" del templo destruído. No se ha encontrado ninguna estatua pero hay una lápida reciclada entre la muralla del recinto del monte dedicada a Adriano y que parece corresponderse con las que se utilizaban en las estatuas ecuestres.

Si Sagiv tiene razón el recinto del Monte del Templo sería con toda probabilidad romano, y no herodiano; cuando los musulmanes llegaron a Jerusalén en el siglo VII ocuparon y reconstruyeron esas construcciones y de allí el aspecto de basílica que tiene Al-Aqsa y lo dispar del Domo de la Roca como construcción islámica.

En suma, debido a que no se puede excavar en la zona por prohibición de la autoridad religiosa (islámica) la especulación es lo que queda. Hay bastantes testimonios de un templo judío en la época de Herodes, pero la existencia del llamado "primer templo", el de Salomón, no parece probable; y si existió, seguramente no estaba en el sitio que se le atribuye tradicionalmente, sino más bien en la Ciudad de David, la antigua Jerusalén que está fuera de las murallas actuales. Por otro lado, uno no se explica cómo con la cantidad de expertos en estas cosas no se ha determinado con precisión quién construyó los muros que rodean el Monte del Templo; mientras tanto, creeremos con Sagiv que la semejanza con Baalbek, en tamaño y estilo apuntan a una obra romana (y si esto es así, los judíos que van al Muro de las Lamentaciones estarían orando en la construcción de quienes los aniquilaron en las dos revueltas de los siglos I y II).

Lluvia

Lluvia en el llano

Fotografiar la lluvia siempre me ha parecido difícil, pero atractivo; así que con ocasión de un paso entre Calabozo-El Sombrero-Dos Caminos ayer, aproveché para intentarlo. Las imágenes son de baja resolución y calidad porque provienen de la cámara de un teléfono pero quizá sirvan para tener una idea de cómo se siente la lluvia en una carretera llanera (que con todos sus peligros es mucho mejor que la misma situación en cualquier ciudad).

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