Aves en la Ilíada

Pasados nueve años intentando tomar Troya/Ilios sin éxito, Zeus induce a Agamenón mediante un sueño a que reúna a los aqueos y ataque la ciudad. En vez de hacerlo, el atrida/fascista/etc. decide probar el ánimo de la gente y les da la orden de regresar a sus casas y al mismo tiempo pide a los jefes que traten de detenerlos. La mayoría no duda en embarcarse y huir, pero Odiseo -fecundo en recursos/ardides- (motivado y apoyado por Atenea, quien seguía órdenes de Hera) toma el cetro de Agamenón y va de nave en nave convenciendo a cada jefe que encuentra para que no se retire. Logra reunirlos a todos y se dirige a ellos con un discurso en el que relata la profecía de Calcante/Calcas hecha en Aulis/Aulide durante los preparativos de la expedición hechos nueve años antes.

Recuerda Odiseo -fecundo en recursos/ardides- que estaban haciendo una hecatombe cerca de una fuente, bajo un árbol (un "plátano" europeo) cuando apareció una serpiente/dragón que subió al árbol y llegó hasta la última rama donde había ocho gorriones con su madre; se los fue comiendo uno a uno mientras la madre piaba lloriqueando y finalmente le muerde un ala y la engulle también para luego desaparecer. Al ver aquel prodigio todos se quedaron en silencio, entonces el vate Calcas/Calcante interpreta esto como una señal de la victoria que tendrán los aqueos sobre Troya: los ocho polluelos y su madre son los nueve años que habrán de pelear para conquistar la ciudad (Ilíada, canto 2).

Hay en la Ilíada 35 eventos como éste en el que las aves tienen un papel resaltante. Esto lo sabemos por el trabajo doctoral de Karin Johansson Las aves en la Ilíada: identidades, interacciones y funciones, de la Göteborgs universitet (vía). Ella analiza cada una de las escenas con bastante detalle, identifica las aves en cuestión basándose en el comportamiento o detalles aportados en el libro (en el caso resumido antes, Johansson dice que el gorrión en cuestión es el "gorrión español") y llega a algunas conclusiones. Es evidente que los aqueos y probablemente todos sus contemproáneos asignaban un valor profético/supersticioso a las aves y sus movimientos; las aves ocupan un lugar intermedio entre los dioses y los hombres, en ocasiones de peligro o incertidumbre se toman en cuenta sus señales y según Johansson la mayoría de las veces los presagios resultan positivos. También dice que Héctor es el único en toda la Ilíada que destaca por no creer en señales de las aves.

A pesar del análisis y demás detalles, la transformación de pajaritos en años me suena bastante forzada, o bien la interpretación fue hecha -cosa más que probable- a posteriori, o bien respondía a un encargo/directriz de los jefes que disponían de mejor información sobre la futura campaña. La asociación de los pobres gorriones con lo que sería el destino de las familias troyanas es repugnante, en cualquier caso. En suma un trabajo más que muestra lo poco que sabemos de los libros quizá más conocidos del mundo.