Freude, shöner Götterfunken, Tochter aus Elysium!

Hace unos años tenía una cinta (por allí se puede suponer cuántos años son) muy agradable en la que Waldo de los Ríos conducía de una discutible pero moderna manera a una orquesta que interpretaba famosas piezas clásicas. Por supuesto, esa cinta se extravió seguramente con el robo del aparato que servía para escucharla, mucho tiempo atrás. Así que hice una solicitud internética y poco después (ah, la compresión del mp3) ya no tengo que hacer esfuerzos memorísticos, sino disfrutarlas de nuevo.

Una de esas obras era un movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, que llaman 'Himno a la alegría', en un arreglo bastante animado y con letra en español aunque difícilmente comprensible. Alguna neurona resentida se sacudió y recordé las clases de alemán de la muy apreciada profesora Norka, persona dedicada como pocas, con la que cursé tres semestres del idioma y hasta llegué a mascullarlo con alguna soltura. Pero el tiempo es enemigo de la memoria y la va aniquilando poco a poco...

El caso es que a solicitud mía la profesora Norka buscó y creo que hasta transcribió a un papel que todavía conservo la letra de la susodicha sinfonía, que como todo el mundo sabe es de Friedrich Schiller. Posteriormente tratamos en el grupo de traducirla, pero abandonamos a la primera estrofa porque no sólo se trataba de traducir del alemán, sino del alemán poético de Schiller con un montón de palabras compuestas cuya traslación implicaría frases completas, para no mencionar los verbos partidos y otras peculiaridades sintácticas del germano lenguaje.

Así que de lo que debe ser una bella letra sólo me queda el encabezado de esta nota:

¡Alegría, hermosa chispa divina,
hija del Elíseo!

Para conseguir la letra completa hoy en día, basta con hacer clic aquí. En aquellos tiempos (c. 1976) era mucho más complicado acceder a un libro o a un documento y parece que se apreciaba mejor el obtenerlo. Ahora que estas cosas son tan fáciles, parece que ya nadie (bueno, poca gente) tiene interés en buscar y menos en leer las obras -clásicas o no- que forman, o más bien formaban, el acervo humano.