Persistencia de la memoria

Una fotografía dice más que mil palabras (creo que dijo un chino); hay fotografías y fotografías. Pero una fotografía vieja es algo clase aparte, que supera lo meramente informativo y aumenta su valor con el paso del tiempo; debido en gran parte a que van quedando menos cada vez... pero también a que el sujeto fotográfico ya no vuelve a ser el mismo jamás (aquí convendría citar a Heráclito y tal, pero no es para tanto).

Un ejemplo puede ser este. Se trata de una imagen de Jerusalén, muralla suroriental del templo del monte (Haram-es-sharif) y alrededores, captada alrededor de 1875 por el famoso fotógrafo Felix Bonfils, quien recorrió gran parte del medio oriente tomando fotografías de gente, paisajes y monumentos, que -inevitablemente- han cambiado enormemente un siglo y pico después. Muchas de sus fotos perduran desperdigadas por allí, mostrando cómo era el mundo en aquella época. En esta fotografía en particular destaca la escasa magnitud de la ciudad y el notable límite que formaba la muralla sobre el valle del Cedrón; y a la izquierda ya fuera de la foto la original Ciudad de David, sitio inicial de la ciudad, totalmente despoblada.

Jerusalen