Un horizonte de esperanza

Si hurgamos en las partes alentadoras de este artículo escrito por Paul Vallely para The Independent quizá veamos una salida a largo plazo de la varios de los grandes problemas mundiales. Allí se recogen opiniones de varios demógrafos expertos y se dan una serie de números que podrían cambiar la expectativa que hemos ido conformando en las últimas décadas: una implosión del planeta por acumulación de gente. Vallely comienza citando una publicación del Dr. John Guillebaud en la que llama a los británicos a reducir su tasa de reproducción en consideración de que cada niño del Reino Unido "será responsable de 150 veces más emisiones de gases invernadero que un niño nacido en Etiopía". A partir de allí compara la situación demográfica de varios países del mundo, y da unas cifras interesantes.

Tras una -inevitable- alusión a Malthus en la que evidencia que sus temores eran con otros, es decir con los pobres, menciona que Holanda es el país más densamente poblado del mundo (me entero) y nadie ha sentido preocupación por ese hecho. Dice que en el siglo XX la población creció de forma impactante y va a seguir creciendo como consecuencia de ese aumento, pero ahora las tasas de nacimientos están cayendo a nivel global, situándose en 2,7 niños por mujer contra 6 en los años setenta. Así que la predicción de Naciones Unidas de alcanzar 11.500 millones de personas para el 2050 y según David Coleman se calcula ahora en 9.500 como tope, con un decrecimiento a partir de 2070.

Para mantener la población actual -dice Vallely- el promedio debería estar en 2,1 niños por pareja, en Europa está en 1,3 (en Italia en 1,2) y el punto crítico según la ONU sería 1,5. En Japón 1,33 contra 1,91 en 1975. China viene de 6,06 a 1,8; el sureste de Asia alrededor de 1,5. Como es de suponer, no es así en todas partes; en Africa el promedio continúa en 2,6. En Estados Unidos se mantiene a 2,1 aparentemente alto para un país industrializado (pero los amish se duplicaron en 18 años).

De todos modos, no va a ser pronto que se reduzca la población mundial, la mortalidad ha bajado y la expectativa de vida aumenta. Luego Vallely compara la situación de la mujer en diversos lugares, en Japón por ejemplo, el 20 por ciento de las mujeres no tienen hijos y la tendencia es a aumentar; y algo similar está sucediendo en los países más industrializados, incluso entre las mujeres que no forman parte de la fuerza laboral. También menciona que según Kenneth W. Wachter hay una relación directa entre el fundamentalismo religioso y el número de hijos, más directa que la relación entre pobreza y prole, como muestra el caso de los estados islámicos ricos.

No hay mención en el artículo de América Latina (o Ibérica, o India) y eso quizá explica la evidente contradicción de nuestra percepción con los números referidos. Quienes habitamos en el centro (más precisamente en el centro-norte) de Venezuela tenemos la sensación de que ya no cabe más gente aquí; aunque no tanto por falta de espacio, porque espacio hay, pero donde quiera que uno va se consigue con tanta gente que el cuento de la densidad holandesa no luce creíble.