Cineratura

Un mono mecánico

Alex

Que no se entere Darío, pero he visto por primera (y última) vez la famosa Una naranja mecánica de Stanley Kubrick cuando se aproxima al cuadragésimo aniversario de su realización y creo que he cubierto ampliamente mi cuota personal en lo que a ver películas de este director se refiere. Alguna vez soporté en una madrugada de ocio las veintisiete horas de baile circular en 2001: una odisea espacial, y por sugerencia de Yrvis aguanté El Resplandor; así que ya.

Que las películas de Kubrick sean un ladrillo no significa por cierto que no sean interesantes; pero ciertamente debe haber mejores maneras de transportar un mensaje. Caso: 2001 está basada en 'El Centinela' de Arthur Clarke, un cuento que si mal no recuerdo se puede leer en menos de una hora, en cambio, la película parece inacabable.

La 'Naranja Mecánica' dura dos horas y diecisiete minutos (o algo así), y es difícil no sentirse mal al verla, en parte por la temática violenta y en parte por la suma de paredes, libros, vestidos, etc. de color naranja o rojo que cargan tanto como el contenido. El asunto: ¿puede (debe) una sociedad aplicar tratamientos antiviolencia a un individuo aunque esto le prive de su voluntad natural? ¿Hay una forma de erradicar el mal? ¿No es peor la sociedad enferma que un individuo enfermo?

Está basada en la novela homónima de Anthony Burgess (1962) que incluye una especie de jerga maligna utilizada por el protagonista Alex (Malcolm McDowell, en la imagen) en la narración sobreimpuesta en la película; de allí que el título pueda entenderse también como 'un mono (orang, síncopa de orangután) mecánico' que es lo que sería una persona privada de su libre albredrío. Lástima que eso no se percibe en la traducción porque resume bien el espíritu del argumento y evitaría quizá tener que verla para enterarse.

Vals con Bachir

Vals Im Bashir es el título original (hebreo) de esta curiosa película de estilo documental realizada con dibujos animados y que ha venido ganando una cierta cantidad de premios. El tema fundamental es personal, se trata de la recuperación de recuerdos reprimidos por su personaje principal y director, Ari Folman, relativos a la masacre de Sabra-Chatila y la presencia del ejército israelí que rodeaba aquellos campos de refugiados en 1982.

Folman tenía 19 años en aquel entonces y como soldado formaba parte del ejército que ocupó el oeste del Líbano al día siguiente del asesinato del líder falangista Bachir Gemayel quien había ganado las elecciones presidenciales poco antes presentándose como único candidato. Sus seguidores del partido falangista del Líbano parecen haber sido los perpetradores de la masacre, que ocurrió un par de días después de su muerte.

La película se desarrolla mediante entrevistas con algunos conocidos de Folman, a quienes les pide información que ayude a rememorar su olvidada participación en aquellos eventos del Líbano. No llego a comprender por qué razón Folman utiliza dibujos animados, ya que las voces de los personajes son las propias de ellos y sus dibujos -incluido Folman- son figurativos; tanto que parecen calcados del video. Sin embargo, la narración no pierde veracidad y se aprecia el esfuerzo realizado tanto en la búsqueda de lo reprimido como en su presentación gráfica.

Cuadro

Hay un par de cosas que me gustaron de la película. Una, el enfoque personal, que muestra sólo lo que fue relevante para Folman o sus conocidos, y que después de todo es la ¿única? manera de contar algo de primera mano. Dos, la presentación del ejército y toda su estupidez, tanto en la estúpida dinámica cotidiana como en la obediencia estúpida a gente invisible. Ver la película ilumina grandemente las razones de que todos los ejércitos estén conformados por gente tan joven: son los únicos que pueden aceptar (al menos temporalmente) tanta estupidez junta. Por otro lado, los testimonios presentados apuntan al conocimiento previo si es que no colaboración directa de altos cargos israelíes en la matanza, particularmente de Ariel Sharon. Encuentro la película valiente y pertinente; quizá ayude a algún desprevenido a evitar el paso por esa estupidez que llaman milicia.

¿Por qué?

Un extracto del libro 'Sinuhé, el egipcio' de Mika Waltari (1945) siempre me ha llamado la atención y me ha parecido pertinente para ser leído por estudiantes universitarios (que creo es la intención de Waltari al escribirlo). Ya no me parece tan importante, porque hay otras preguntas menos metafísicas que también son relevantes, pero sigue siendo un buen recuerdo.

La situación se da en la época en que Sinuhé estudia medicina en la 'Casa de la Vida', durante el reinado de Amenhotep III, padre de Akhenaton; esto es, aprox. 1350 a.C.


Libro Segundo

La Casa de la Vida

En aquellos tiempos los sacerdotes de Amón en Tebas se habían atribuido el derecho exclusivo de la enseñanza superior y era imposible comenzar los estudios sin su consentimiento. Es fácil de comprender que tanto la Casa de la Vida como la Casa de la Muerte hayan sido en todos los tiempos instaladas en el interior de las murallas del templo, así como la alta escuela de teología para los sacerdotes de grados superiores (...)

Antes de franquear el umbral de la Casa de la Vida, me era indispensable pasar el examen de sacerdote de grado inferior en la facultad de teología. Debí consagrar a ello tres años, porque al mismo tiempo acompañaba a mi padre en sus visitas a fin de aprovecharme de su experiencia. Vivía en casa, pero cada día asistía a los cursos. Los muchachos que tenían protector poderoso podían pasar en pocas semanas este examen, que comprendía, además de los elementos de lectura, escritura y cálculo, unos textos sagrados aprendidos de memoria, así como leyendas sobre las santas trinidades y las santas enéadas que culminaban siempre en el rey de todos los dioses, Amón. El objeto de esta enseñanza maquinal era ahogar el deseo natural de los estudiantes de pensar por sí mismos e inspirarles una confianza ciega en la importancia de los textos aprendidos. Sólo cuando estaba ciegamente sometido al poderío de Amón, podía el joven estudiante alcanzar el primer grado de sacerdocio (...)

(...)

Sin embargo, fui ciego y sordo hasta el momento en que tuve una iluminación como antaño, durante mi infancia, cuando las imágenes, las palabras y las letras cobraron vida para mí. Un día mis ojos se abrieron, me desperté como de un sueño y con el espíritu desbordante de alegría me pregunté: "¿Por qué?". Porque la temida clave de todo verdadero saber es la pregunta "¿Por qué?". Esta palabra es más fuerte que la caña de Thoth y más poderosa que las inscripciones grabadas sobre la piedra.

He aquí cómo ocurrió. Una mujer no había tenido hijos y se creía estéril porque había pasado de la cuarentena. Un día, sus menstruos cesaron y, atemorizada, acudió a la Casa de la Vida preguntándose si un mal espíritu habría penetrado en ella emponzoñando su cuerpo. Como está prescrito, tomé unos granos de trigo y los hundí en la tierra. Regué algunos granos con agua del Nilo y los otros con orina de la mujer. Puse todo aquello al sol y le dije a la mujer que volviese a pasar al cabo de algunos días. Cuando vino, los granos habían germinado; los que habían sido regados con agua del Nilo eran pequeños, mientras los demás estaban florecientes. Así lo que estaba escrito era verdad, como se lo dije a la mujer sorprendida

--Regocíjate, mujer, porque en su misericordia el poderoso Amón ha bendecido tu seno y tendrás un hijo, como las demás mujeres benditas.

La pobre mujer lloró y me dió un brazalete de plata que pesaba dos debens. Pero en el acto me preguntó si sería un varón, porque se figuraba que lo sabía todo. Reflexioné un momento, la miré a los ojos y le dije:

--Será un hijo.

Porque las probabilidades eran las mismas y en aquellos tiempos tenía suerte en el juego. Estuvo todavía más contenta y me dio otro brazalete igual al primero.

Una vez se hubo marchado, me pregunté: "¿Cómo es posible que un grano de trigo sepa lo que ningún médico puede dilucidar antes de que los signos del embarazo sean perceptibles a la vista?" Entonces me decidí a ir a hacer esta pregunta a mi maestro, pero éste se limitó a contestar:

--Está escrito.

Pero aquella no era una respuesta satisfactoria a mi por qué. Me decidí a consultar acerca de la maternidad al médico comadrón real, quien me dijo:

--Amón es el dios de todos los dioses. Su ojo ve la matriz que recibe la semilla. Si permite la fecundación, ¿por qué no permitiría que un grano germine en la tierra si se ha regado con el agua de una mujer fecundada?

Me dirigió una mirada de compasión como a un imbécil, pero su respuesta no me satisfizo.

Ahora mis ojos se abren y veo que los médicos de la Casa de la Vida conocían únicamente los textos y las costumbres, pero nada más. Porque si preguntaba por qué había que cauterizar una herida purulenta mientras se unta una herida ordinaria y se la cubre con un apósito y por qué el moho y las telarañas curan los abcesos, me respondía:

--Así se ha hecho siempre (...)

De la misma forma el manipulador del cuchillo que cura tiene el derecho de practicar las ciento veintidós operaciones e incisiones que han sido descritas, y las ejecuta más o menos bien según su experiencia y habilidad; más o menos lentamente, ocasionando más o menos sufrimientos al enfermo; pero no puede hacer nada más porque sólo éstas han sido descritas.

Había gente que adelgazaba y su rostro se ponía pálido, pero el médico no podía descubrir enfermedad ni defecto. Y, sin embargo, estos enfermos recuperaban la salud si comían el hígado crudo de las víctimas de los sacrificios pagando por él un precio elevado, pero nadie podía explicar el porqué; nadie se atrevió siquiera a preguntarlo. Otros tenían dolores de vientre, y sus manos y sus rostros se ponían ardientes; tomaban purgantes y calmantes, pero unos sanaban y otros morían sin que los médicos pudiesen decir de antemano lo que ocurría. No estaba permitido preguntarse el porqué.

No tardé en darme cuenta de que hacía demasiadas preguntas, porque todos comenzaron a mirarme de soslayo y los camaradas entrados más tarde que yo pasaron delante de mí y me daban órdenes. Entonces fue cuando me quité mi vestidura blanca, me purifiqué y abandoné la Casa de la Vida, llevándome los dos brazaletes cuyo peso era de cuatro debens.

(...)

--¿Es acaso un error preguntar "¿Por qué?" -dije entonces.

--Desde luego es un error, porque el hombre que se atreve a preguntar por qué, no tiene ya hogar, ni techo, ni asilo en el país de Kemi. Todo debe permanecer inmutable, ya lo sabes (...) Porque ante todo existe la fórmula. El arte tiene su canon, como cada letra su tipo, y el que se aparta de ello está maldito (...)

(...)

(...) y comprendí que las casas de placer y el vino estaban autorizadas a los alumnos de la Casa de la Vida, pero que debía renunciar a preguntar "¿Por qué?".

El asunto Ben Barka

Es una película francesa (J'ai vu tuer Ben Barka 2005) a la que accedí por casualidad y que trata de una forma casi documental sobre eventos ocurridos en 1965, una trampa elaborada para capturar y hacer desaparecer a Mehdi Ben Barka, un político marroquí que participó en la independencia de su país y luego por diferencias políticas se exiló en Argelia y Francia. Parece que se había ganado un prestigio muy grande y era la estrella de una 'Conferencia Tricontinental' que se iba a celebrar en Cuba en 1966.

Noticia

La película está contada ¡tres veces! desde la perspectiva de Georges Figon quien fue el personaje encargado de contactar a Ben Barka, fingiendo o creyendo realmente (no me queda muy claro) que era el productor de una película sobre el proceso de descolonización y en la cual Ben Barka sería el asesor histórico. Figon hizo los contactos para una entrevista con el director Georges Franju, y fue cuando asistía a esa cita que unos desgraciados policías franceses lo secuestraron.

Debido a mi desconocimiento del tema -y también al infernal doblaje al "español"- la película no es fácil de comprender. En la Wikipedia hay un recuento bastante parecido al de la película; con el agregado de unos detalles increíbles sobre la muerte que habría sufrido Ben Barka, según confesiones realizadas en 2001 por Ahmed Bujari, otro esbirro de los "servicios de seguridad" marroquíes, que además -y para variar- implica a la CIA en el plan de eliminar a Ben Barka. El principal actor parece haber sido Mohammed Ufqir ministro del Interior y Defensa durante los reinos de Mohammed V y Hassan II.

El cadáver de Ben Barka nunca fue encontrado y la Conferencia Tricontinental que prometía tanto no se volvió a dar.

En suma, una película de terror y no precisamente por vampiros ni fantasmas, sino por su apego a la realidad. Nada hay peor que unos fanáticos creyendo que defienden un régimen. Queda el consuelo de tontos: todos sus protagonistas fueron muertos -o suicidados- en los años siguientes.

70 años de evolución

Según el blog de Jotace Supermán (o Súperman, quien sabe) cumple en estos días setenta años. Eso me hizo recordar que llegó a mis manos el primer número de la serie, convenientemente digitalizado, cuya portada es ésta:

Portada

Allí puede verse que en junio de 1938 este primer ejemplar se podía comprar por 10 céntimos de dólar. La imagen inicial es la de un hombre muy fuerte que puede levantar y mover un carro de aquellos, hecho mayormente de hierro y no plástico, con facilidad y -más interesante- se apoya en el suelo aunque sea con la punta de un pie.

Y es que en todo el episodio, Superman hace grandes proezas físicas pero de ninguna manera es ilógico, como lo sería años después. Es fuerte, por lo tanto hace saltos gigantescos, incluso puede cargar con otra persona, pero no vuela, sólo salta. Y por supuesto, nada de soportar el golpe de un meteorito que viene a toda velocidad poniéndole la mano y frenándolo en seco en mitad del aire. Es decir, o los "poderes" fueron aumentando o el gusto por lo irracional ha ido creciendo en estas décadas y el "superhéroe" simplemente ha ido reflejando eso. En esta tira se aprecia cómo Superman persigue -corriendo- a un malhechor, lo atrapa y salta para llegar a la altura ¡de un poste! y amenazarlo con la temible caída.

No volaba

Vida y muerte

Eventos circunstanciales (como son todos los eventos, después de todo) me condujeron a ver dos películas norteamericanas realizadas a sesenta años de distancia.

It's a Wonderful Life o "Qué bella es la vida" de Frank Capra es de 1946, la he visto mencionada montones de veces en distintos lugares así que piqué y la descargué. Resultó ser una película de ángeles, cosa nada rara en Holliwood, aunque no sé si será la primera de ese tipo. Trata de un joven voluntarioso y solidario interpretado por James Stewart a quien se le complican un poco las cosas y tiene el privilegio de ver cómo sería la vida de sus conocidos si él no hubiera vivido, un ejercicio interesante y que deberían proveer de alguna manera para todo el mundo. A pesar del dulzor y los estereotipos (como el ricachón avaro y maligno), la película logra transmitir su mensaje: eres más rico de lo que crees.

Death of a president, de Gabriel Range, es más bien reciente, de finales del año pasado y está hecha con una estética de documental televisivo bastante creíble. Se trata del asesinato de Bush en octubre de este año (¿profecía? ¿deseo de los liberales? ¿amenaza? dicen algunos comentaristas); por lo tanto podríamos catalogarla como "futurista". Lo más llamativo es que Bush efectivamente sale en escena y hasta da un discurso, como si hubiera sido contratado para la cinta; excepto, of course, en la escena de su muerte, que por otra parte pasa rápidamente y sin detalles. Hay algunos parecidos seguramente inevitables con aquel famoso asesinato presidencial de 1963, pero en este caso encuentran a dos culpables, uno 'de ocasión' y otro real.

Realmente resulta chocante (por la falta de costumbre) ver cómo se utiliza la magna figura presidencial en una película y además la matan en ella. No imagino a los presidentes de Zambia, Corea del Norte o en fin, de cualquier otro país en una situación similar. Sería intolerable, aunque fuese en ficción.

Cinematografía escatológica

Por sabrá Dios qué predestinaciones, en estos días he visto un grupo de películas que comparten un cierto tono y algunas otras cosas. Por ejemplo, todas son "históricas" y aprovecho eso para comentarlas en orden cine-cronológico.

300 (300, 2006) trata de tratar de la famosa batalla del paso de las Termópilas durante la segunda invasión persa a la Hélade. Lo mejor de la película es el título: no hace falta traducirlo y eso nos libró de posibilidades como "Leónidas contra el mundo", "Batalla fatal", etc. Simplifica bastante el cuento (dicen que está basada en una caricatura), creo que es mejor y más imaginativo leer la versión original. Me llamaron la atención unos detalles insulsos como ese de que los espartanos van a una pelea sin corazas, con la única protección del escudo que tiene grabada la L de Lacedemonia, pero a noventa grados con lo cual más bien parece una C. También, la intervención de la guardia de Jerjes denominada Los inmortales sin explicación; la explicación es que cuando se moría uno de los miembros era suplantado inmediatamente por otro... ¿? Luego, se podría decir con la misma propiedad que todos los ejércitos están compuestos de inmortales. Aquí, lo que se acaba es el ejército espartano y por supuesto los no mencionados de Tebas y otras ciudades que sumaban algo así como 8.000 hombres.

Apocalypto (Apocalypto, 2006) está ambientada en la Centroamérica de alrededor de 1500. Como buena película jolibudense la mitad se va en una persecución. Lo más notable de la cinta es el tema, que ha sido muy poco tratado en el cine (al menos, que yo sepa). En este caso, se intenta plasmar la inevitable caída de cierto imperio maya, entre otras razones por una sequía inexplicable porque la selva se ve vigorosa y húmeda para no hablar del gran caudal del río que aparece allí.

El hundimiento (Der Untergang, 2004) describe los últimos días del Tercer Reich en abril de 1945. Esta sí que es una película recomendable, particularmente creo que deberían obligar a verla a todos los pichones de general que hay por ahí para que sepan de una vez a dónde conducen las ansias de conquista y de qué vale defender una idea matando gente. El hilo de la narración se basa en testimonios contemporáneos, el principal es el de Traudl Junge, quien era la secretaria de Hitler en aquellos días y vivió para escribir un libro sobre el asunto (murió en 2002).

No debe ser casualidad que en estos años se estén creando películas que comparten el tema finalista, "de guerra" y además tan largas. ¿Será que todo el mundo siente el fin del imperio? Eso no explicaría de todos modos por qué ninguna de estas cintas dura menos de dos horas.

14

Nunca sabré por qué de la lectura de La casa de Asterión recuerdo con frecuencia solamente una nota a pie de página. Más que la recreación del mito cretense, o el punto de vista del victimario monstuoso, o la idea de un laberinto con múltiples salidas pero que funciona como prisión, o como insinúa aquí Paloma Andrés el hecho de que Asterión es una proyección del propio Borges. En la frase casi inicial

Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche

aparece la llamada al pie que apela a un supuesto manuscrito, recurso que le encantaba a Borges (y a sus lectores):

* El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.

Atribuyo a una intuición afortunada que siempre me haya parecido tan lógica la elección del número catorce para dar la idea de infinito. Hay como una alusión a lo primitivo, hay una sonoridad particular y algo cabalístico; nunca sería lo mismo si hubiese dicho dieciseis, por ejemplo.

En estos días se está publicitando mucho la propuesta de James Anderson que aparentemente resuelve el problema de la divisón por cero; aunque simplemente define infinito como 1/0, y menos infinito como -1/0. Visto desde afuera la cosa puede resumirse en que inventó un signo (fi) y un nombre (nulidad) para los resultados de esa división y así lo hacen notar numerosos comentarios; de los cuales algunos son francamente graciosos.

Vía /.encontré un comentario de alguien cuyo seudónimo es MountainMan que merece transcribirse: dice que tiene una calculadora que divide "felizmente" por cero; al hacerlo muestra una E y como buen "geek" lee ese resultado en hexadecimal, esto es E=14, por lo tanto cualquier cosa dividida por cero dará 14, exceptuando 0/0 que paradójicamente da 0. Hace una demostración además: si 0/0=14, entonces 0*14=0, y así es efectivamente; por lo tanto 0/0=14.

Apartando lo divertido del asunto, hay un "cierre" gestáltico aquí: catorce es infinito y Borges tenía razón (como tantas veces).

Deathtrap

En la onda de re-mirar películas y después de muchos años de espera he podido volver a ver 'La trampa de la muerte' de 1982, dirigida por Sidney Lumet y basada en la obra teatral de Ira Levin, que según cuentan ha sido uno de los mayores éxitos en Broadway "de todos los tiempos", que se desarrolla en dos actos y con sólo cinco actores. En la película, los dos principales son Michael Caine y Christopher Reeve.

Trata de un escritor de teatro ya mayorcito que percibe claramente su decadencia y ve su salvación en un aprendiz que le muestra un borrador brillante. A partir de allí sigue una serie de cambios y engaños al espectador que hacen muy entretenido el asunto. De hecho, lo poco que recordaba de la trama es que la percepción de lo que sucedía cambiaba repentinamente a intervalos. Debe ser interesante verla en el teatro, pero la película mantiene más o menos el ambiente ya que se desarrolla con muy pocas excepciones en la sala de la casa del escritor.

Está además el personaje de una vidente famosa, consultada con frecuencia por la policía en casos de asesinatos y que intuye algo de lo que en efecto ocurre. Una de las cosas que me agradó más es esta en la que la vidente dice, mientras se nota la lluvia y mal tiempo en el exterior: "va a llover torrencialmente, habrá inundaciones y se caerán árboles"; a lo cual replica el aprendiz-secretario: "Pero... ¿está Ud. segura?" y la vidente responde: "Por supuesto, lo han dicho en la radio".

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