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Excursión urbana

Contra la costumbre de no asociarme a ningún colectivo, me he incorporado a Avepalmas un grupo de personas interesadas en las plantas, quienes promueven desde hace algunos años la Declaración universal de los derechos de las plantas. De hecho, ya había compartido varias excursiones muy agradables con este grupo entusiasta, algo que espero poder seguir haciendo, de esta manera se justificará algo la manía de fotografiar vegetales.

Aquí he colocado algunas fotos de la visita que hicimos a varios sitios recónditos del sur de Caracas, de interés ecológico, artístico, paisajístico y por supuesto, botánico (clic en la foto para ver el resto).

Un poquito de subvegetación

El Valle, Mérida

Ferdinand Bellermann viajó por Venezuela entre 1842 y 1845 y es probablemente el más profuso pintor de paisajes venezolanos del siglo XIX. Como tantos otros alemanes, vino siguiendo el camino de Humboldt y su obra refleja la admiración que sentía por la diversidad vegetal que aquí encontraba. Estuvo principalmente en Caracas, la Colonia Tovar que se iniciaba, Puerto Cabello y Mérida. Sus cuadros estuvieron de moda en un tiempo ya remoto, sin embargo, parecen seguirse cotizando entre los plutócratas autóctonos.

Gracias al libro 'Memorias del paisaje' editado por la Galería de Arte Nacional con ocasión de una exposición de la obra de Bellermann realizada entre fines de 1991 y principios de 1992, dispongo de algunas reproducciones que pienso contrastar con la realidad actual. Dicen que Bellermann pintó muchos cuadros de memoria, años más tarde (1870) y que pintaba siguiendo cánones paisajistas de su época más que representando lo que veía directamente. En cualquier caso, es el único -creo- testimonio visual de esa época pretérita y poco documentada.

Un ejemplo: cuando uno ve esta imagen, que titulan en el libro 'Valle en la sierra de Mérida', inmediatamente se nota que se trata de El Valle, ahora más popularmente conocido como La Culata, al noreste de Mérida:

El Valle según Bellermann

Sin embargo, cuando uno se encuentra allí, en el probable sitio de la ejecución pictórica, la cosa no se ve tan clara (la fotografía está tomada desde el monumento a Bolívar erigido en 1842, y si no fue desde allí mismo donde Bellermann pintó, fue muy cerca, aunque todo el borde de la meseta merideña está tan lleno de casas que resulta improcedente encontrar el sitio exacto). En primer lugar ¿cómo es que hay más árboles ahora que entonces?

El Valle en 2006

Luego, es evidente el toque dramático que le puso Bellermann tanto por el color como por la exageración de las pendientes que rodean al río Mucujún. La mesa que aparece al centro del cuadro parece ser la que ahora llaman Vallecito, pero no es tan evidente como entonces. Increiblemente, el trazado del río es prácticamente igual. La carretera trasandina que permite el acceso a Mérida actualmente pasa por la ladera de la derecha, y de hecho, toda la vertiente visible corresponde al tramo de la muy popular Vuelta de Lola que constituye la principal entrada de la ciudad. La ladera izquierda, despoblada en el cuadro de Bellermann está llena de edificios ahora. Aunque las nubes en el fondo sobre los picos parameros siguen siendo similares, algo ha cambiado en 160 años.

Jungla

La región centro-norte de Venezuela es evidentemente una de las más densamente pobladas del país; basta pasar por cualquiera de sus carreteras para apreciar directamente la magnitud del crecimiento poblacional que ha soportado, particularmente en los últimos 30 años. Sin embargo, hay todavía algún sitio oculto y perdido entre montañas al que solamente algunos acceden y donde -aún estando rodeado por demás de gente- se puede encontrar esa soledad tan esquiva en el resto de esta región.

En uno de tales sitios, muy cerca de 'Los Cedros' (y no daré más referencias) se encuentra esta especie de casa fantasma que alguna vez intentaron construir en plena selva.

Casa fantasma

El Pao y La Guama

En estos días tuve ocasión de hacer lo que se puede llamar la 'ruta de las represas'; comenzando en Taiguaiguai, pasando por Tierra Blanca, otra cuyo elusivo nombre no alcanzo a recordar -cerca de Parapara-, la de Río Verde o Tiznados, y las dos del Pao ya en Cojedes. Un circuito que recorre partes de Aragua, Guárico, Cojedes y Carabobo, y cuyo centro -si no geográfico, sí de gravedad- es el hermoso cerro Platillón, altura máxima de la Serranía del Interior, al sur del Lago de Valencia. Este Platillón tiene la aracterística de ser visible desde toda una circunferencia que va desde Maracay hasta San José de Tiznados, para no mencionar Tocuyito y El Sombrero, y no dudo que en el futuro sea una atracción turística de primer orden.

Aquí coloco una referencia visual: el edificio de la Alcaldía de El Pao, en la plaza Bolívar; una vista totalmente infrecuente, debido por supuesto a que la carretera que llega a esta población (y termina en La Guama), no tiene salida -asfaltada- hacia ningún otro lugar.

El Pao

Toponimia

Se ha dado en llamar Pico El Aguila al punto más alto de la carretera Apartaderos-Timotes (o Mérida-Valera, según sea la escala del mapa). Pero si creemos que los toponímicos no son gratuitos, el pico que se observa aquí tiene todas las probabilidades de ser el que dió origen a la denominación; se encuentra apartado de la carretera antedicha, pero en las cercanías.

Más probable pico

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