nostalgia

De las fotos viejas

Cada foto antigua tiene un encanto, pero en particular me llama la atención las de los años sesenta o un poco antes, porque retratan un mundo no tan congestionado, justo cuando empezaba a hacer implosión. La luz, los cielos, son semejantes a los de las películas de la misma época, así que supongo que esta visión edulcorada se debe a la técnica del registro fotográfico (será technicolor o ectachrome, o qué se yo). Por vía de Paleo-future veo la noticia de unas fotos de la Feria Mundial de Montreal en 1967 que me han cautivado por razones que se irán haciendo notar.

Fotos de Montreal67

Luego, Gustavo me comenta de un viejo album que consiste en retratos de una misma mujer, aparentemente del área de Chicago, desde que tenía un año en 1938, hasta ya mayorcita, probablemente en los años ochenta.

Retratos

En ambos casos, las fotos son escaneadas de álbumes comprados en la calle, o dicho de otro modo, quienes publican las fotografías tienen poca idea o ninguna de quién las tomó e incluso de qué se trata. En el primer caso, el usuario de Flickr que compró el album y publicó las fotos supone que fueron tomadas por Lillian Seymour, que aparece en algunas.

Ahora bien, en estos días he estado muy ocupado recuperando todas mis fotos, tanto de diapositivas como de negativos que afortunadamente tenía medio clasificados y en la mayoría de los casos con fecha (año y mes), pero resulta que hay gente que ¡está comprando viejas fotos para escanearlas y hacerlas públicas!

Es bien sabido que nunca se han tomado tantas fotografías como en los días que corren; millones y millones de fotos de cualquier cosa, muchísimas de las cuales son publicadas y accesibles fácilmente. Si a esto sumamos la cantidad de fotos tomadas antes del advenimiento digital es casi inconcebible el volumen de imágenes que van a estar disponibles... afortunadamente, las fotos viejas no van a crecer en número; no se pueden tomar más de las que fueron tomadas, sólo se podrán encontrar o perder.

Quizás por esa razón es que me atraen tanto las viejas fotografías. Una foto descontextualizada es un reto para la observación: ¿cuándo fue tomada? ¿quién o qué es eso? ¿dónde es? Incluso cuando se conoce el sitio y la fecha puede ser un misterio el sujeto; o, como me ha pasado, sabemos quién es el sujeto (un hijo, una tía, un abuelo) pero aparentemente no hay manera de saber cuándo y dónde fue tomada la imagen. Además, el hecho de que una foto antigua es un testimonio bastante crudo de una época hace que adquieran un valor adicional, más importante que la propia calidad del dibujo de luz o el contraste, etc.

Algo así contaba hace unos años refiriéndome al viaje por Oriente de Fèlix Bonfils a finales del siglo XIX. Las fotografías de Bonfils que se consiguen en algunos sitios realzan eso, valen más por viejas que por su calidad fotográfica (que además es muy buena). Para ejemplo, esta imagen de la acrópolis ateniense que de seguro añoran los habitantes actuales de la ciudad, rodeados de automóviles en lo que entonces era claramente un zona rural.

Atenas

O esta otra vista del sector sur de Jerusalén que por supuesto está totalmente tapizado de casas, edificios y asfalto actualmente. Aparece la mezquita Al Aqsa, asiento del templo de Salomón según alguna de las múltiples teorías que hay al respecto.

Jerusalen

Y mejor prosigo porque es muy fácil ver las fotos de Bonfils y quedarse en eso. Caso aparte es el del famoso Sergei Mikhailovich Prokudin-Gorskii, autor de las primeras fotografías en color, famoso principalmente por una exposición en la Biblioteca del Congreso (USA) en la que recuperaron o más bien reconstruyeron sus fotografías a partir de los negativos y que son i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e-s, como ésta de las montañas de Dagestán, en la que se aprecia la yuxtaposición de los tres negativos ya digitalizados (en este sitio se consiguen las 1900 fotografías, procesadas automáticamente aunque ni la calidad ni la resolución son tan buenas como las de la Biblioteca).

Dagestan

Después de haber recuperado unas cuatro mil fotografías, con bastante trabajo por cierto, me pregunto si no hubiera sido mejor esperar hasta que algún heredero las pusiera a la venta y algún alma fotocaritativa las escaneara evitándome todos estos días de ardua labor. En cualquier caso, ya está hecho. Para seguir en la misma onda y apuntalar el argumento, coloco esta vista de Maracay, de junio de 1977, tomada desde el cerro que llaman 'de los 10 tesoros', cuando todavía era una ciudad medianamente vivible; era un día normal, esto es, el aire lleno de vapor así que no es muy buena la vista (sin contar con las numerosas afecciones de la diapositiva original) pero sirve para apreciar la zona central de la ciudad que como siempre le da la espalda al lago. Incluso se puede notar la avenida de "las ballenas" que estaba recién construida, supongo (es la línea gris que viene hacia las montañas). En esa época se podían contar los edificios altos (bah, también se podía recorrer de punta a punta en diez minutos).

Maracay 1977

(Creo que nunca había hecho una nota tan larga, espero que eso compense por los días que desaparezco...)

Todo esto es triste

Siempre me ha gustado la música triste o, cuando menos, lenta. Así que no es raro que de una u otra manera haya llegado a escuchar con gusto algún que otro fado, esa tonada que dicen representa el alma portuguesa (¿acaso porque quieren tener el monopolio de la nostalgia?).

El acercamiento principia con Madredeus, y particularmente con la voz de Teresa Salgueiro que petrifica, por ejemplo en 'Haja o que houver', canción de rendición donde las haya, o en 'Maria Soliña'. Pero siempre se llega a Amalia Rodrigues y Dulce Pontes que parece son las mayores exponentes del susodicho canto. Ambas tienen versiones de 'Tudo isto é fado', canción de Aníbal Nazaré donde se explica claramente qué es exactamente el fado:

Almas vencidas
Noites perdidas
Sombras bizarras
Na mouraria
Canta um rufia
Choram guitarras
Amor ciúme
Cinzas e lume
Dor e pecado
Tudo isto existe
Tudo isto é triste
Tudo isto é fado

Es lo que llamaríamos la visión 'totalitaria' del fado.

Morriña

Hay innumerables canciones de nostalgia, de añoranza de la tierra lejana o de tiempos pasados; de hecho, cada país o región tiene la suya: por ejemplo, 'Santa Lucia lontana' para napolitanos e italianos. A mí me gustan este tipo de canciones, y en particular la que origina este comentario: 'Vinho verde', evocativa de Portugal, en versión de Paulo Alexandre fue levemente popular a finales de los años setenta (me cuentan :-).

Pues bien, me entero que esta canción tan animosa y tan -me parecía- portuguesa, es original de Udo Jürgens, quien como puede deducirse aunque sólo sea por el 'umlaut' no tiene nada de portugués. La original se llama 'Griechischer Wein', es algo más lenta y suena ¡totalmente griega! como se esperaría por el título, aunque está cantada en perfecto alemán.

Igual sigue siendo fresca y alegre con esa especie de alegría melancólica que es la saudade; y de hecho no importa si es alemán, griego o portugués, la canción sugiere ese sentimiento.

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