Musicotropías

La misma musiquita otra vez

Violín de StradivariusJoseph Nagyvary, que parece dedicarse exclusivamente a analizar los violines de Stradivari, Guarneri y otros cremonenses del siglo XVII publica en PLOS un artículo en el que informa sobre análisis realizados a varios violines, violas y guitarras de los que deduce que los químicos utilizados para preservar la madera (entre ellos bórax) y los cambios que ellos producen son los responsables de la calidad del sonido de esos famosos instrumentos.

Este es un tema repetitivo, y que me veo casi obligado a traer de nuevo por haberlo hecho con anterioridad. En 2004, un estudio decía que una etapa climática conocida como el mínimo de Maunder habría hecho crecer lentamente los árboles de los cuales procede la madera.

Hace ya algún tiempo el mismo Nagyvary achacó la calidad del sonido a los químicos utilizados para tratar la madera y éste reciente trabajo parece corroborarlo. Sin embargo, como puede verse en la muy completa página de Wikipedia sobre el tema (que incluye la foto anexa), no hay acuerdo general entre quienes van por la densidad de la madera y quienes favorecen la idea de los químicos. De hecho, pruebas más o menos independientes en las que han participado connotados violinistas no han podido diferenciar un Stradivarius de otros violines de calidad más modernos...

Dicen aquí que Nagyvary vende reproducciones -no baratas- de violines construidos con técnicas de la época; quizá por esa razón la última frase del trabajo mencionado dice: Este reconocimiento puede motivar un cambio importante en la manera de procesar la madera comercial y también en el estado del arte de la fabricación de violines.

Jóvenes de corazón

Es un grupo de voces formado en 1982 en un asilo de Northampton, Nueva Inglaterra (USA) (sitio oficial) y que tiene como característica resaltante que sus integrantes no tienen menos de setenta años de edad. Su director -y aparentemente, creador- Bob Cilman es mucho más joven: anda por los cincuentas. En una película reciente se muestra su manera de ensayar y algunos retazos de sus presentaciones, como ésta (abajo) que realizaron en una cárcel.

Y@H

Es estimulante ver a gente de esa edad (hasta de 94 años) cantando y bailando, y no sólo eso, sino que sus interpretaciones que consisten en piezas de grupos recientes, rock, punk y demás adquieren un tono ciertamente diferente y motivador.

Lamentablemente, con el paso del tiempo algunos de los miembros se han ido retirando y no se sabe de ninguno que haya intentado volver. Lo bueno es que siempre se incorporan nuevas voces.

Piezas paralelas IV

Gigliola Cinquetti ganó -me cuentan- el festival de Eurovisión en 1964 con Non ho l'eta, cantando con voz casi infantil que no tengo edad para salir sola contigo, si quieres, me esperas; desde entonces no se la ha vuelto a ver y eso que ahora debe tener edad para cualquier cosa.

El mayor éxito de Gary Puckett & The Union Gap fue Young girl, cuatro semanas número uno en las listas de éxitos de mayo 1968; canción dirigida a una muchacha que bajo el perfume y el maquillaje no eres más que una nena disfrazada, así que sal de mi mente.

Algo pasaba en esos años que incitaba tales pruritos morales, cosa que, como bien dice todo el mundo, se ha perdido (ya no hay valores, cuándo en mis tiempos, y frases similares).

Lara

Tiempo atrás, baste especificar que Internet era una palabra desconocida o referida a una entidad más remota que la Tierra Media, estuve buscando discos cantados por Agustín Lara. Un interés promovido probablemente por algún programa de televisión B&N en el cual pude verlo interpretando algo en el piano (eso es lo que me queda en la nube del recuerdo) y aunque sus canciones son tan famosas que las ha cantado todo el mundo y alguien más, quería la versión original.

No hubo manera de conseguir ninguna grabación. Me decían que sí existían, pero que eran difíciles de conseguir o que debía encargarlas y esperar -quizás años- hasta que alguien quisiera vender sus discos usados. Esto ha cambiado algo, lo digo por si no te has dado cuenta, así que ya dispongo de una pequeña colección de canciones grabadas por el mismo Agustín Lara.

Me atraen las piezas interpretadas por sus compositores, aunque en numerosas ocasiones es mejor ni ponerlos a cantar. Oir al viejo Agustín permite vislumbrar y aun entender su biografía sin necesidad de leerla (nació en Veracruz en 1897, etc., etc., ...). Seguramente no se atrevió a cantar hasta que llegó a avanzada edad y con mucha fama a cuestas, ya que por su voz no habría alcanzado tanta sonoridad :-)

En Imposible deja bastante claro que la dedicación a la vida profesional de su amante no interfería para nada con su sentimiento; antes bien, lo aumentaba:

Yo sé que es imposible que me quieras
que tu amor para mí... fue pasajero
y que cambias tus besos por dinero
envenando así mi corazón
No creas que tus infamias de perjura
incitan mi rencor para olvidarte
te quiero mucho más en vez de odiarte
y tu castigo se lo dejo a Dios

En ese contexto se entiende mejor lo que quiere decir 'Noche de ronda' (que no es como muchos creen "noche redonda"):

Noche de ronda
qué triste pasas
qué triste cruzas
por mi balcón
Noche de ronda
cómo me hieres
cómo lastimas
mi corazón

Y claro, su contacto con las colegas de aquella musa inspiradora le da autoridad para aconsejar:

Vende caro tu amor, aventurera
da el precio del dolor a tu pasado
y aquel que de tu boca la miel quiera
que pague con brillantes tu pecado

Tortuosa como pudo ser la vida de Lara, el instinto melódico que manifiesta en sus composiciones parece sugerir que es necesario algo así para producir un músico de tal envergadura.

Ahora es pura química

Dicen en Science Blog que Joseph Nagyvary tiene treinta años investigando los motivos de la calidad de los violines de Stradivari y Guarneri. Su conclusión, publicada en Nature apunta a que los químicos utilizados para tratar la madera contra sus comedores naturales son los que la dotan de esa especial calidad que hace costar a cada uno de los aproximadamente 600 Stradivari existentes un poquito más de cinco millones de dolaritos.

El problema está en que esto contradice totalmente una hipótesis publicada en 2003 que atribuye a circunstancias climáticas la consistencia de la madera de aquellos años (principios del siglo XVIII); un trabajo publicado también en una revista de las que llaman "científicas". Así que según Nagyvary, unas sustancias químicas no identificadas son las que dan la sonoridad características, y la madera no importaría tanto; mientras que los autores del otro trabajo se tomaron bastante ídem para explicar por qué la madera tendría una calidad excepcional. Esto ya se está pareciendo a las investigaciones sobre el colesterol del chocolate.

Piezas paralelas II

El vals siempre se ha bailado dando vueltas y espirales; supongo que esa fue la razón por la que Kubrik incluyó -con completo acierto a juzgar por las evocaciones posteriores- en 2001: una odisea espacial el ultraconocido An der schönen blauen Donau (de Johann Strauß II), o simplemente, el Danubio Azul. Las estaciones espaciales giran en la película al paso de ese vals y bailan por cierto hermosamente.

La larguísima película de Kubrik está basada en el cuento bastante breve de Arthur C. Clarke El centinela, y la elección musical fue quizás su mejor aporte; en mi caso al menos, lo que persiste de ella es justamente eso.

En otra película que casualmente también es de 1968, The Thomas Crown Affair de Norman Jewison, el tema sonoro era The windmills of your mind de Michel Legrand; cuya idea, como se desprende del título Los molinos de tu mente era reflejar las revoluciones mentales de los personajes y por extensión, de cualquiera. Legrand logra el efecto mediante la repetición de un patrón que sube y baja por la escala, consiguiendo que el oyente haga girar la cabeza en círculos si no pone un poco de atención a lo que hace. Esta pieza ha sido interpretada por cantidad de gente en versiones de todo tipo; la película, por otro lado, ha sufrido una segunda versión que por unanimidad se considera peor que la original.

Freude, shöner Götterfunken, Tochter aus Elysium!

Hace unos años tenía una cinta (por allí se puede suponer cuántos años son) muy agradable en la que Waldo de los Ríos conducía de una discutible pero moderna manera a una orquesta que interpretaba famosas piezas clásicas. Por supuesto, esa cinta se extravió seguramente con el robo del aparato que servía para escucharla, mucho tiempo atrás. Así que hice una solicitud internética y poco después (ah, la compresión del mp3) ya no tengo que hacer esfuerzos memorísticos, sino disfrutarlas de nuevo.

Una de esas obras era un movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, que llaman 'Himno a la alegría', en un arreglo bastante animado y con letra en español aunque difícilmente comprensible. Alguna neurona resentida se sacudió y recordé las clases de alemán de la muy apreciada profesora Norka, persona dedicada como pocas, con la que cursé tres semestres del idioma y hasta llegué a mascullarlo con alguna soltura. Pero el tiempo es enemigo de la memoria y la va aniquilando poco a poco...

El caso es que a solicitud mía la profesora Norka buscó y creo que hasta transcribió a un papel que todavía conservo la letra de la susodicha sinfonía, que como todo el mundo sabe es de Friedrich Schiller. Posteriormente tratamos en el grupo de traducirla, pero abandonamos a la primera estrofa porque no sólo se trataba de traducir del alemán, sino del alemán poético de Schiller con un montón de palabras compuestas cuya traslación implicaría frases completas, para no mencionar los verbos partidos y otras peculiaridades sintácticas del germano lenguaje.

Así que de lo que debe ser una bella letra sólo me queda el encabezado de esta nota:

¡Alegría, hermosa chispa divina,
hija del Elíseo!

Para conseguir la letra completa hoy en día, basta con hacer clic aquí. En aquellos tiempos (c. 1976) era mucho más complicado acceder a un libro o a un documento y parece que se apreciaba mejor el obtenerlo. Ahora que estas cosas son tan fáciles, parece que ya nadie (bueno, poca gente) tiene interés en buscar y menos en leer las obras -clásicas o no- que forman, o más bien formaban, el acervo humano.

Piezas paralelas I

He escuchado últimamente esa canción 'Traces' de los Classics IV, y gracias a que he visto la letra escrita y medio la entiendo, veo el parecido que guarda con 'Aquellas pequeñas cosas' de Serrat. Lo primero que me llama la atención de esta similitud es que la primera es de ¡1969! y la segunda de 1971; esto es, más cerca de cuarenta que de treinta años de antigüedad y no me explico cómo es que recuerdo algo tan añejo si apenas era un niño en aquellos tiempos ;-)

Ambas evocan recuerdos basados en detalles que pudieran pasar inadvertidos, con la diferencia de que en 'Traces' se mencionan: fotos desleídas, medios boletos, páginas de cartas, cintas; y en 'Aquellas...' se engloban (con sinécdoque) en el sitio donde se encontrarían tales cosas: un rincón, un papel o un cajón.

Al fin y al cabo, los recuerdos surgen justamente por alguna pequeña cosa o por una huella así que no sorprende que gente tan distante se haya inspirado en este hecho. Quizás lo que pasa es que en esos años del siglo pasado se descubrió el asunto del funcionamiento de la memoria...

Caricia sobre el océano

Esa que creo es una metáfora de la brisa marina -que arrastra un ave sobre las piedras de una isla emergida- es el título de la pieza más popular de la película 'Los coristas' o 'Los niños del coro'. Un cambio radical en el modo de ver cine, sobre todo si uno no ha tenido oportunidad de evitar el que proviene de Jólibu; pareciera que sólo cambiar de idioma cambia también la manera de hacer películas, pero no, realmente es otra manera. De hecho, en 'Los coristas' no hay ninguna persecución ni aparece ningún accidente de tránsito y el único "defecto especial" consiste en un incendio que no aparece en pantalla sino que se intuye por una nubecita de humo bastante pobre por cierto, y claro, por las acciones de los personajes.

La película está ambientada en la Francia de fines de los años cuarenta; una escuela en la que un maestro nuevo cambia las cosas aplicando la música para aplacar aquellas fieras. Según cuentan, el realizador Christophe Barratier recorrió buena parte de Francia buscando un coro de niños hasta que encontró a los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyon. Y fue una elección perfecta por lo que se aprecia.

La música es de Bruno Coulais, que me parece se ha hecho famoso gracias a la película -como el resto de los participantes- ya había realizado sin embargo varias bandas sonoras que ahora trataré de buscar. La pieza cuyo título copié es conmovedora y de alguna manera evoca el movimiento del mar...

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