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Continúan los rollos del mar Muerto

Escribe que algo queda, decía -y titulaba su columna periodística semanal- el viejo Kotepa Delgado. Pero según parece lo que queda de lo escrito es sólo confusión y posibilidades interpretativas infinitas.

Caso: los famosos manuscritos "del Mar Muerto", descubiertos en los años cuarenta y atribuidos casi inmediatamente a un grupo eremita: los esenios. Algo pasa con estos rollos porque a cada rato surgen disputas entre los estudiosos con las que uno se entretiene cual novela culebrera. El (pen)último capítulo está difundiéndose por todos los medios y lo protagoniza Rachel Elior, profesora de la Universidad Hebrea especialista en la mística judía. Según Elior las referencias a los esenios sólo provienen de Josefo, Plinio y Filo, cuyos relatos además difieren en detalles importantes; de allí deduce que se trata de una invención o exageración de Josefo para enriquecer su presentación de los judíos ante los romanos.

Elior atribuye la escritura de los rollos y su ocultamiento en Qumram alrededor del siglo II a.C. a los saduceos, casta de sacerdotes descendientes de Zadok (sacerdote en el reinado de Salomón, supuestamente). Dice que en ninguno de los rollos se menciona a los esenios y en cambio todos los textos se corresponden con una presunta ley saducea que habría evolucionado a lo largo de siglos y que sólo se interrumpió cuando los seléucidas (descendientes del sátrapa Seleuco, general de Alejandro) tomaron control del templo, cosa que provocó el alejamiento de los saduceos con todo y sus rollos (manuscritos).

Quedo pendiente del próximo capítulo.

Arca redoblante

Un artículo del Daily Mail presenta a Tudor Parfitt -de forma inevitable, aunque no original- como un Indiana Jones de carne y hueso; relata sus muchos viajes y pone el ambiente para el muy próximo estreno de un libro (The Lost Ark of the Covenant) y un documental televisivo (Quest for the Lost Ark), ambos a principios de marzo. Parfitt es profesor de Estudios Judíos en la Universidad de Londres y ha sido noticia mundial varias veces. Hace cosa de veinte años llamó la atención sobre la tribu Lemba de Zimbabue que se atribuía ascendencia judía, y hace unos años se corroboró que es así mediante estudios genéticos que encontraron un marca genética específica de la clase levítica judía (Cohen) en personas de la casta "sacerdotal" de los Lemba; esto dió lugar en su momento al documental correspondiente.

El planteamiento ahora es que los Lemba no sólo son una de las tribus perdidas de Israel, sino que son los que tuvieron el Arca de la Alianza, perdida en 586 a.C. y Parfitt dice haberla encontrado, además. Sí, es cierto que ya la han encontrado varias veces y en lugares distintos (p.e. Graham Hancock en Aksum), pero la hipótesis de Parfitt merece algo de respeto al menos por el esfuerzo invertido. Siguiendo las pistas que pudo conseguir, tradiciones y leyendas, llegó a un objeto Ngoma-lungundu venerado por algunas tribus africanas mediante el cual se expresaba el dios Mwali y que tiene poderes y cualidades especiales y que no podía ser tocado por mortales. Continuando en la búsqueda llegó al Museo Victoria en Harare, donde consiguió casi abandonado el propio ngoma. Ahora bien, ngoma no es otra cosa que un tambor, y hay muchos tipos, sin embargo el que está en el museo tiene la particularidad de tener argollas en las esquinas (si es que tiene esquinas) y unos dibujos laterales que hicieron a Parfitt sentir un escalofrío apenas lo vió.

Decir que el Arca de la Alianza es un tambor, que además se puede utilizar como arma, una especie de cañón, según entiendo, tiene su mérito. Aunque ya lo niegan, porque nunca fue mencionado así en el Antiguo Testamento. Por otra parte, un análisis de radiodatación obtuvo que este ejemplar es del año 1350; unas fuentes hablan de que es una reconstrucción del original, destruído en esa época. Parfitt también ha encontrado los ancestros de los Lemba en Yemen y tiene una explicación para el largo camino del "Arca" hasta el museo de Harare. El cuento es fascinante; uno se imagina a los primeros reyes israelitas cargando el Arca y tocándola como acompañante de las trompetas que siempre se mencionan en sus apariciones. Lo que falta para ser más creíble es una imagen del ngoma archivado, pero según parece todo lo van a dejar para el documental. No he conseguido ni una mísera fotografía. Lo que sí conseguí es esta imagen de una talla de madera de la artista Noria Mabasa, de la cual cuentan que es la única mujer que produce esculturas de madera en la provincia surafricana de Venda. Aunque falta un larguero y más porteadores, al menos da la idea de cómo un tambor puede pasar por ser el afamadísimo Arca.

Ngoma

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