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La basura es un tesoro

No sé qué será de la vida de Ofelia Suárez pero una búsqueda me permitió localizar su tesis de 1990 "Aprendizale socio-ecológico adulto", donde describe su experiencia de reciclaje en Canoabo con gran detalle (páginas 63 y siguientes), incluidos los malos ratos debidos a la mentalidad cerrada de ciertos profesores universitarios. Décadas después de su intervención, mucha gente la recuerda, pero la basura sigue siendo basura en aquellos mismos lugares donde intentó convencer a la población de que la "basura es un tesoro", que era el nombre que le daba a su empeño.

Es por supuesto una referencia directa cuando uno se consigue con proyectos como el de
Justin Gignac, (vía) autocalificado artista, quien increíblemente ha montado el negocio de vender la basura de Nueva York, eso sí, empaquetada en un cubo trasparente y con esta garantía: "Recogida a mano en las fértiles calles de Nueva York".

Cada cubo como el de la foto, que fue enviada por Rafael Schneider desde Suiza, cuesta $50, y también tiene 'ediciones especiales', con basura de ciertos eventos, a $100. Hasta el momento, ha vendido más de 1200 cubos de basura, por lo que para Gignac, efectivamente la basura resultó un tesoro.

Cubo de basura

Por supuesto, lo más impresionante es que hay gente que compra tal cosa y están encantados además. Pero el talento de Gignac no se queda ahí; también ha montado otros dos proyectos en los que vende dibujos (no muy buenos) de cosas que quiere tener; la lista de dibujos vendidos es muy larga; sólo le ha costado un poco vender un dibujo de unas bolsas que representa "un poquito de shopping en Soho" que cuesta $2500 (todos estos precios son dólares USA; no es juego).

Conozco mi incapacidad empresarial, pero este caso la hace evidente de un modo inmisericorde.

Más oro que una mina

Mina de oro

En la planta de procesamiento de desechos de Suwa (Nagano) obtienen casi 2 kilos de oro por tonelada de ceniza de incineración (en una de las principales minas japonesas no pasan de 40 gramos por tonelada de material).

http://www.reuters.com/article/newsOne/idUSTRE50T56120090130

H. Bustos Domeq

Tengo la suerte de contar en lo que queda de mi biblioteca en papel con un ejemplar de lo que supongo son las obras completas de H. Bustos Domecq. Está dividido en cuatro partes que corresponden a los años 1942 (Seis problemas para don Isidro Parodi); 1946 (Dos fantasías memorables); 1967 (Crónicas de Bustos Domecq) y 1977 (Nuevos cuentos de Bustos Domecq).

Acabo de terminar la segunda lectura de las casi trescientas páginas y ahora lo encuentro mejor. En particular, los problemas para Isidro Parodi me resultaron muy difíciles la primera vez; la verdad es que son un poco localistas, algo cómicos y mucho burlones. No podría ser quizás de otro modo, en este relato "policial" donde quien resuelve los crímenes está preso y sólo tiene acceso a la información por el periódico y alguna que otra visita. Los personajes de cada historia transitan por la siguiente mostrando repetidamente su caracterísitica más llamativa, la imbecilidad.

Las 'Crónicas' del 67 son, sin embargo, las que me atraen más. Por su intermedio podemos conocer a personajes no menos reales que el propio Bustos: el descriptivista Ramón Bonavena, el muy original César Paladión, el sintético Federico Juan Carlos Loomis y otra caterva de caracteres extremos digno cada uno de un estudio en profundidad, ajeno a mis capacidades. Sin embargo, encuentro que la influencia de Paladión en el mundo actual excede con mucho a la que pudiera ejercer cualquier otro de los artistas recontados por Bustos y creo vale la pena anotar algo acerca de ese influjo.

Presagiando la labor de incontables liceístas y estudiantes universitarios, el método de Paladión se basaba en la "ampliación de unidades". Como explica Bustos resumidamente:

Antes y después de nuestro Paladión, la unidad literaria que los autores recogían del acervo común era la palabra o, a lo sumo, la frase. [...] Paladión, en 1909, ya había ido más lejos. Anexó, por decirlo así, un opus completo. [...] le otorgó su nombre y lo pasó a la imprenta sin quitar ni agregar una sola coma, norma a la que siempre fue fiel. [...] Paladión entra en la tarea, que nadie acometiera hasta entonces, de buscar en lo profundo de su alma y de publicar libros que la expresaran, sin recargar el ya abrumador corpus bibliográfico o incurrir en la fácil vanidad de escribir una sola línea.

Un adelantado a su época, sin duda. Aunque ahora se abuse un poco de su estilo y metodología, Paladión merece quedar registrado en el panteón de los precursores. Sus imitadores aspirarán quizás a un puesto igual; pero les falta ese pequeño destello de originalidad.

La prosa de Bustos Domecq es, por otra parte, un despliege del más perfecto español. ¡Y qué español! ¡¡El de Borges y Bioy!

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