Sierra Nevada

Calentamiento local

La Agencia Espacial Europea publicó hace unos días una nota bastante alarmante sobre la reducción del área cubierta por hielo en el Ártico; en los últimos diez años se había venido reduciendo unos 100.000 kilómetros cuadrados cada año, pero el último año el encogimiento ha llegado a un millón de km2.

Incapaz de fotografiar desde un helicóptero para no hablar de un satélite, me he dado cuenta que dispongo de algunas imágenes del única área helada de Venezuela, el pico Bolívar o La Columna, de cerca de 5.000 metros de altura y que podría utilizarlas para corroborar o no la idea que está tan de moda del cambio climático (ya sabemos que cuando se habla de cambio, lo que habitualmente quiere decir es empeoramiento).

36 años de nieve mermada

Como dicen los reporteros: "las imágenes hablan por sí mismas". Sin embargo no explican de dónde fueron tomadas. La superior -como quizás algún consumado observador haya notado- está tomada desde la propia cabina del teleférico, entre la tercera y la cuarta estación. Las siguientes desde la tercera estación, en suma desde unos 4.000 metros de altitud. La inferior, en cambio, es una vista con acercamiento desde el Jardín Botánico de la ciudad de Mérida, a no más de 1800 m.s.n.m. No es mucho, pero al menos la calidad de las fotos se puede comparar con la de los satélites de poca resolución :-)

Yo diría que cada vez hay menos hielo y nieve.

Más nunca

Es increíble que una ocasión tan propicia para la contemplación y la sublimación espiritual como lo es presenciar una de las poquísimas nevadas que están al alcance de la carretera en los Andes venezolanos se convierta en lo que realmente es: una reproducción asquerosamente exagerada del caos automovilístico de cualquier ciudad. Por mi parte, es la última vez -y fue la primera- que asisto a tan triste espectáculo.

Toda la gracia que pueda tener la prístina nieve se transforma en asco. Parece que al tratarse de un evento importante, la gente se siente obligada a comportarse como masa. Las colas son tan grandes para ir como -peor aún- para salir de allí. En mi caso, más de 3 horas para poder escapar de la aglomeración y varias más para desprenderme del rechazo y la misantropía. En fin, entre tanto carro y tan poca nieve, apenas si queda oportunidad para admirar algún paisaje enmarcado por piezas de latonería. Nunca más.

Sin paisaje

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