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Cita de Mako

Debemos encontrar formas de recordar el hecho de que los teléfonos modernos son computadores con interfaces poderosas y útiles para una inimaginable variedad de aplicaciones arbitrarias. Debmos enfocarnos en el hecho de que estos computadores tienen micrófonos y otros sensores y que les confiamos nuestros más cercanos secretos y los datos más sensibles. No debemos olvidarque, en la mayoría de los casos, estos computadores permanecen controlados, completa y totalmente por compañías en las que pocos de nosotros confiamos.

Benjamin Mako Hill

En: El computador en mi bolsillo, un artículo que vale la pena leer.

Los argumentos de Stallman

Me acabo de suscribir a openDemocracy via RSS, y encuentro una especie de entrevista (preguntas cortas y respuestas muy largas) que hicieron a Richard Stallman en mayo 2002, que no tiene desperdicio, como suele decirse. Es evidente que la crisis que pasó Stallman a fines de los años setenta lo marcó de por vida, y el esfuerzo -que apenas comienza a dar resultados ahora- de crear el movimiento GNU y el aprendizaje consiguiente le han dado una claridad conceptual que no es común.

El punto central es que el cambio tecnológico determina la validez de las leyes. Si el 'copyright' servía a un fin social cuando fue creado al incentivar a los autores y limitar las posibilidades de copia de otros distribuidores, ahora, con la facilidad de copia -de materiales digitales- se ha convertido en un obstáculo para el bien social. Pone el ejemplo -que imagino improvisado- de un copiador de 'sánguches', que podría inventarse dentro de 100 años. Si existiese tal artilugio ¿con qué argumentos se prohibiría que la gente hiciese copias a diestra y siniestra?

También hace una simpática comparación de los métodos utilizados en USA para prohibir las copias con los de la antigua URSS: allí usaban guardias para vigilar lo que se copiaba; los atrapados haciendo copias indeseadas eran castigados severamente; solicitaban "soplones" que informaran de casos de copia; responsabilizaban colectivamente, por uno pagaban otros; y por último, hacían propaganda desde la infancia para convencer a la sociedad que sólo los "enemigos del pueblo" hacían copias prohibidas. Stallman relata punto por punto situaciones prácticamente idénticas en las que los distribuidores de contenidos hacen exactamente lo mismo, en ocasiones con ayuda del gobierno. Los argumentos de Stallman son muy convincentes, de hecho quienes se oponen a ellos no plantean el bien común sino el bien de cierto oligogrupos.

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