Alejandro

Diógenes y Facundo

Dicen (y está muy bien contado aquí) que cuando Alejandro llegó a Corinto todo el mundo iba a verlo, pero el filósofo Diógenes de Sínope que vivía allí en un tonel, según es fama, no mostró ningún interés en eso, así que el propio Alejandro se dirigió a visitarlo; se acercó y plantándose delante del filósofo, pues quería ser generoso, le dijo que le pidiera lo que quisiera. Diógenes simplemente le dijo "no me tapes el sol".

Diógenes y Alejandro

Sospecho que esta historia es la fuente de otra que Facundo Cabral ha contado muchas veces y que refiere cómo su madre se encontró en cierta ocasión con un presidente de su país y éste le ofreció cualquier cosa que estuviese a su alcance para ayudarla. Ella, dice Cabral, le respondió: "Con que no me joda, ¡es suficiente!"; frase contundente y nítida como ninguna.

Ojalá cada uno de nosotros tuviera una respuesta similar -aunque no fuese tan ingeniosa- cuando un poderoso se acerca. Probablemente el poder se construye justamente por la aceptación complaciente de algún beneficio pasajero y fútil.

El elefante de Alejandro

Un cuento bien contado aparece en el último número de Saudi Aramco World, una revista hecha a todo trapo (estos petroleros) y que suele incluir artículos históricos del medio oriente. Este está escrito por Frank L. Holt e ilustrado de muy buena manera por Norman MacDonald.

El asunto se remonta a los años siguientes a la muerte de Alejandro. Pérdicas era el aparente heredero, y debía enterrar a Alejandro, pero Ptolomeo encontró la manera de secuestrar el cadáver y llevarlo a Egipto. Parece que para los macedonios enterrar al rey muerto era la mejor evidencia de legitimidad sucesoria. Por supuesto (no hay que olvidar que se trata de sátrapas, vulgo chupamedias) Pérdicas no lo toleró y tratando de imitar a Alejandro en el cruce del Hidaspes (donde venció gracias a los elefantes y al monzón) atacó a Ptolomeo en el delta del Nilo pero fue rechazado -dice Holt- porque Ptolomeo personalmente cegó al elefante líder.

Así que Pérdicas, retirado al lado este del Nilo convenció a su ejército de llegar hasta Menfis para atraversar por allí. Cuando los primeros hombres comenzaron a pasar el río, el agua les llegaba al cuello, así que Pérdicas colocó una fila de elefantes como barrera o dique a su izquierda y otra de caballos más abajo para recoger a los que perdiesen pie. Iban bien cuando, súbitamente, el río subió inexplicablemente y comenzaron a ahogarse, al rato los cocodrilos dieron cuenta de más de 1000 hombres y otros mil que se comieron ya ahogados. Vista la caída en desgracia de Pérdicas y que no le salían las cosas como a Alejandro, sus propios generales lo asesinaron pocas horas después. Esto ocurrió en 320 a.C.

Ptolomeo fué el único de los generales sucesores de Alejandro (diádocos) que llegó a viejo y que consolidó una dinastía; parece que se dió cuenta de que mantener el imperio -como pretendía Pérdicas- era misión imposible, y desde un principio decidió quedarse con Egipto. Dice Holt que hasta el tiempo de Ptolomeo las monedas griegas solían llevar la imagen de un dios; las fundidas por Alejandro mostraban a Hércules ornado con el cuero cabelludo del famoso león que mató. Pero Ptolomeo comezó a producir monedas con la efigie de Alejandro al modo de nuevo dios, sólo que con la piel de un elefante en lugar de la del león. Además, con la égida de Zeus, y otros símbolos divinos egipcios y griegos que lo hacían confundirse con Amón o Zeus. Y parece que no se encontraba una explicación de la piel del elefante y del paso teocrático de Ptolomeo hasta que se encontró una monedita.

En 1947 se encontró en Mir Zakah, en la vía entre Afganistán y Pakistán, un hoyo con 13.000 monedas de oro que sirvieron para alegrar a los caciques locales por un tiempo. Pero en 1992 y debido a la necesidad de los mismos satrapitas (o sus diádocos) una revisión más profunda y con maquinaria moderna encontró un alijo de más de medio millón de monedas y otros artefactos de plata y oro. Al año siguiente un periodista atento vió un medallón en un saco de papas que le llamó la atención y eso condujo a su compra por un coleccionista privado y no identificado que parece ser la fuente de Holt.

Moneda alejandrina

La moneda en cuestión muestra todos los elementos que Ptolomeo incluyó en sus monedas, pero, según dicen, esta moneda que además tiene a un elefante indio en el reverso, fue acuñada por el propio Alejandro que no tenía baja autoestima por cierto. Ya él se presentaba como dios, y resaltaba su victoria en el Hidaspes, atribuyéndose los daños producidos por el clima como si los hubiera ordenado con el cetro de Zeus. Así que el aparente misterio de la divinización monetaria de Alejandro por Ptolomeo no era tal, sino una simple copia. Holt mantiene que esta moneda tiene además el valor de ser el único retrato contemporáneo de Alejandro, que también lo muestra como él se veía.

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