Una capilla de mano

Para variar, la revista Biblical Archaeology Review ofrece el número de marzo-abril de forma abierta con la esperanza de colectar suscriptores para su versión impresa, y hay un par de artículos atractivos. Parte del interés surge de la posición editorial de la revista acerca del tráfico de antigüedades; mientras en organizaciones serias se le niega incluso la publicación de análisis de objetos de procedencia desconocida, o de coleccionistas, en suma, que no poseen contexto, en esta revista le dan cabida y amplia cobertura. Los argumentos son por un lado que el expolio de restos antiguos no disminuye en absoluto ignorando sus resultados en pequeños círculos científicos, antes bien ha aumentado, y por otro, que vengan de donde vengan, si son auténticos, esos restos sirven para aprender algo del pasado.

Así que en este artículo William G. Dever, profesor emérito de arqueología y antropología del medio oriente, ahora retirado, se dedica a analizar una pequeña capilla casera, propiedad de un coleccionista que prefiere mantenerse anónimo y que según Dever tiene aspectos significativos que no deberían dejarse sin publicación. Según se infiere hay montones de capillitas de forma similar, provenientes del sur de Jordania y de los siglos X a VII a.C. La noticia es que este ejemplar en particular no había sido publicado y ha sido investigado a fondo en propiedades físicas y químicas incluso, mostrando que no es un falsificación.

Capilla

Los elementos clave que componen casi todos estos objetos y que aparecen también en éste, aunque en menor calidad material, son el par de columnas en la entrada, los capiteles con forma de palmera unas veces, otras con bustos de mujer, otras simples columnas; la presencia de los leones al lado o debajo de las columnas; y presencia de animales en el frontispicio, generalmente palomas o similar. Todos estos indicadores apuntan, como explica largamente Dever, a Asherah, una diosa canaanita que no me queda claro si está relacionada o es la misma Astarté. Gran parte del artículo se detiene en corroborar que se trata de Asherah, y repite en parte, otro artículo de 1991 referenciado en éste -y abierto por esta vez- titulado "Comprender a Asherah — Exploración de la iconografía semítica" en el que se dan todos, pero todos, los argumentos para convencernos de que Asherah aparece en diversas manifestaciones gráficas o esculpidas de las siguientes formas:

  • Como mujer
  • Como árbol verde o floreciente
  • Como tronco de árbol
  • Como pilar (de madera)
  • Como paloma, y...
  • generalmente flanqueada por íbices y/o leones

Y es cierto, al final uno queda convencido de la asociación entre esos elementos y -quizá- que se refieren a Asherah; lo que de ninguna manera logra la autora de este anterior artículo, muy a pesar del título, es hacernos comprender a Asherah, y por qué adopta formas tan diversas, o qué tiene que ver una paloma con un león.

Volviendo a la capilla, para Dever, lo más relevante de este ejemplar es el doble trono que se puede apreciar al fondo; y ya que se sobreentiende que estas capillas son para dioses se pregunta ¿quiénes son los que comparten trono aquí? Por supuesto la pregunta no es ingenua, Dever publicó un libro en 2005 que se titula ¿Tuvo Dios una esposa? Arqueología y religión popular en el antiguo Israel y creo que lo que ve en la capillita es su tesis de un dios y una diosa venerados en aquellos tiempos preisraelitas en todo Canaán; pero la verdad lo que uno ve es un pequeño trazo, o soporte, en el respaldo de lo que -digamos- es un trono. La tesis, sin embargo, es muy razonable, y señala la existencia de amplísimas áreas de culto a la diosa Asherah y a otro dios, que era su consorte, dependiendo de la época El o Baal; que pervivió hasta la llegada del monoteísmo machista e incluso después. Sus palabras conclusivas:

Asherah fue, por supuesto, finalmente llevada al culto subrepticio por los partidos reformistas que editaron la biblia hebrea. En su forma final ella está escrita fuera del texto. Por lo tanto, desaparece y toda la imaginería del culto con ella cuando el monoteísmo judío al fin triunfó en el período posterior al regreso de los israelitas del exilio babilónico.

Aparte de este asunto, al ver varias de las capillas se evidencia una tipología de templo, o casa para un dios, que en ambos artículos apenas sugieren, y que claramente está relacionada con la propia conformación del templo de Salomón, sobre todo por las dos columnas, pero también por las aves (¿querubines?). Más elementos para potenciar la moda del culto subterráneo de la deidad femenina innominada, pero también para la idea de que los israelitas surgieron sin invasión de las tierras de Canaán.