2005-08-31

Más nunca

Es increíble que una ocasión tan propicia para la contemplación y la sublimación espiritual como lo es presenciar una de las poquísimas nevadas que están al alcance de la carretera en los Andes venezolanos se convierta en lo que realmente es: una reproducción asquerosamente exagerada del caos automovilístico de cualquier ciudad. Por mi parte, es la última vez -y fue la primera- que asisto a tan triste espectáculo. Toda la gracia que pueda tener la prístina nieve se transforma en asco. Parece que al tratarse de un evento importante, la gente se siente obligada a comportarse como masa. Las colas son tan grandes para ir como -peor aún- para salir de allí. En mi caso, más de 3 horas para poder escapar de la aglomeración y varias más para desprenderme del rechazo y la misantropía. En fin, entre tanto carro y tan poca nieve, apenas si queda oportunidad para admirar algún paisaje enmarcado por piezas de latonería. Nunca más.

Sin paisaje




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