2022-02-22

Caro y Tartesos

Sólo pretendía revisar el estado de la hipótesis planteada hace dieciocho años por Rainer W. Kühne sobre la posible ubicación en las Marismas de Hinojos (zona de marismas, evidente, en la desembocadura del Guadalquivir) de la nunca encontrada Atlántida. Pero, después de comprobar que no ha habido avance alguno, encuentro un sitio totalmente dedicado a las teorías sobre Atlantis llamado -cómo no- Atlantipedia. Allí empiezan los hiperenlaces a enredarle la vida a uno.

En la página que resume la supuesta relación de Tartesos y Atlantis, que tiene de por sí toda una historia, mencionan que Rodrigo Caro, un sevillano de Utrera, que fue poeta, historiador, abogado ¡y sacerdote! publicó en 1634 un libro en el que supuestamente por primera vez relaciona Cádiz con Gades. Este libro, que se encuentra en la Universidad de Sevilla, fue afortunadamente “subido” a archive.org: Antiguedades y principado de la ilustrissima ciudad de Sevilla ; y Chorographia de su convento iuridico, o antigua Chancilleria ….

Intrigado por el asunto, me olvido de la Atlántida y veo que Caro tiene todo el capítulo 25 (de los 85 que componen el libro) dedicado al tema Tartesos:

Portada/capítulo

Una primera ojeada hace resaltar un par de cosas: la primera es que a pesar de la ortografía siglo XVII y de que ya van a cumplirse 400 años de la publicación, el lenguaje es muy comprensible. La segunda, que las observaciones de Caro son “modernas”, no encuentra problemas en ver los cambios geomorfológicos que hayan podido ocurrir en los siglos pasados y no hay tinte de religiosidad dogmática en ellas.

La curiosidad provocó que me abocase a la transcripción de todo el capítulo 25 con la excepción de la mayoría de las citas en latín -indicadas así: []- y un montón de comas que me lucieron innecesarias. Lo agrego más abajo, por si a alguien le interesase.

Caro se fundamenta muy razonablemente en los autores antiguos, y no duda que el río Guadalquivir es el que los griegos llamaban Tartesos. Comienza por rechazar que Tartesos hubiera estado situado en las islas del Guadalquivir más cercanas a Sevilla. Para imaginar cómo podría ser la geografía de su época he buscado un mapa contemporáneo, pero lo más cercano que conseguí ha sido esto, un mapa publicado en Roma en 1696 por Giacomo Cantelli, por lo tanto unos 60 años posterior a Caro. Aparece la zona mayormente discutida por Caro pero no la zona de Sevilla.

Mapa de 1696, Nº 0165 del catálogo de Fondos Cartográficos del IGN,

Siguiendo a los autores graves dice que Tartesos estaba cerca de Cádiz, pero no allí. Menciona que el templo de Hércules (de alguna fama) estaba a 12 millas de la población. Apenas el año pasado se anunció el descubrimiento del templo -actualmente a 3 metros de profundidad- que, si resulta confirmado, no está lejos de esaa cifra. Según este reportaje la ubicación del templo estaría a unos 16 kilómetros de la ciudad vieja (esto es, 10 millas, aunque depende de cuál milla se hable).

Luego Caro hace una explicación bastante enrevesada de tres islas cercanas, Gades, la mayor, Erythia y ¿Saltes? No he logrado entender la disposición de estas islas, al final la conclusión parece ser que lo que sería la ciudad de Tartesos estaba sobre una isla del Guadalquivir, rodeada por dos brazos del río.

Luego asoma también la posibilidad de que Rota fuese en el pasado parte de una isla, cosa que la topografía parece contradecir aunque él estuvo allí y quizá tuvo esa impresión. Finalmente, discute el fenómeno denominado ’la cuba de Rota’, un sonido producido según dice por el paso del océano por entre algunas rocas o cavernas subacuáticas.

En suma, los argumentos de Caro son filológicos, tal cual como los de Adolf Schulten que buscó Tartesos a principios del siglo XX, sin encontrarla tampoco. Según he escuchado por ahí, el problema filológico es que asume que Tartesos era una ciudad cuando en realidad se trata de una cultura o civilización o grupo de ciudades. La arqueología recompondrá las descripciones antiguas, ya veremos. Pero me parece que el río Tartesos sea el Guadalquivir está bien establecido. Es muy interesante el asunto del Lago Ligustico o Ligustino que comprendería toda la parte baja del río y que haría de Sevilla una ciudad accesible por vía marítima (hará miles de años) y quién sabe si no sería un importante centro tartésico, como sigue siendo un importante centro urbano en ese área. El detalle de que el descubrimiento del tesoro de piezas de oro puro en El Carambolo da una indicación.

Para tratar de visualizar los sitios mencionados por Caro, los he puesto en un mapa con topografía moderna, que de todos modos da una idea de cómo pudo ser la disposición de las islas, el lago, y el río antiguo.

Curvas de nivel, Guadalquivir


Rodrigo Caro

Antiguedades y principado de la ilustrissima ciudad de Sevilla ; y Chorographia de su convento iuridico, o antigua Chancilleria ….

Libro III.

Corografía del Convento Jurídico de Sevilla

TARTESSVS

Cap. XXV

Hemos discurrido por parte de los lugares que pone Plinio en el Convento Jurídico de Sevilla: Y aunque en este camino se han ofrecido muchos pueblos en medio los que hemos mencionado, no se ha tratado de ellos, por no interrumpir el texto de Plinio, que intentamos restituir: mas ahora antes que pasemos a la Beturia, donde pone otros muchos lugares, que tocaron a Sevilla, pondremos todos los lugares antiguos, que estuvieron en la banda izquierda de Guadalquivir que hoy en el uso común se llama la Campiña porque en ella están los fertilísimos campos de Carmona, Utrera, Lebrija, Morón, Arcos, Osuna y otros, y Banda Morisca porque como el Reino de Granada y los moros de Ronda caían a esta parte el común de Sevilla le llamaba de este nombre, por la vecindad y frontería de los Moros, hasta después que se ganó Granada y cesando la causa queda todavía el nombre antiguo.

Iremos pues ahora discurriendo por todos los lugares que hallaremos desde la costa del mar Gaditano, comenzando del río Guadalquivir, aprovechándonos para la certeza de que hubo estos lugares de Estrabón, Plinio, el itinerario de Antonino, Ptolomeo y otros autores graves, y valiéndonos de medallas e inscripciones que hemos visto visitando con ciudado y atención esta parte del Andalucía. Y supuesto que comenzamos esta peregrinación del río Guadalquivir, que se llamó Tartesso, justo es que volvamos a la memoria la antigua isla y ciudad de Tartesso, tan amada del padre Guadalquivir, que la tenía entre sus brazos, por donde antiguamente entraba en el mar. Y porque no sólo aquella antigua y famosa ciudad está ya desparecida sino toda la isla donde estuvo: de manera que aun será dificultoso señalar el sitio que tuvo, sera forzoso valernos de la conjetura, investigando la verdad por las señales que nos dejaron escritas los autores graves, en cuyo tiempo, o la ciudad o la reciente fama permanecía: y de camino por ventura declararemos lo que hasta ahora ha estado muy oscuro, y si se nos deslizaren algunos pasos, cautelamos desde ahora el perdón, porque no son pocas las tinieblas en tan espesa selva, y no hallamos nadie delante que haya desmontado el camino por donde guiamos nuestra derrota.

No faltó quien dijo que la ciudad de Tartesso estuvo en una de las dos islas que a siete leguas de Sevilla hace el río Guadalquivir, las cuales coge en medio, dividiéndose en dos brazos, y después se junta y entra en el mar por San Lúcar de Barrameda: pero esta opinión no es admitida, por que en estas dos islas (en las cuales se apacientan los ganados de los vecinos de Sevilla, porque son fertilísimas de hierba) no se hallan rastros de edificios antiguos, y aunque puede ser que las inundaciones del río con lama y arena los hayan cubierto, faltan otras señales de manera que en ningún modo pudo ser aquí Tartesso, pues ni el río desemboca en el mar luego que sale de estas islas y es tan lejos de Cádiz, de la cual estuvo muy cerca Tartesso, que por ningún modo se puede decir esto con alguna verisimilitud, como luego veremos.

Hay tanta variedad de opiniones en los autores antiguos sobre cuál fuese la isla de Gades, Tartesso y Erythia que no poca turbación y tinieblas causa en estas letras, pues confunden los nombres de todas tres, dando a las unas lo que no les toca. Lo cierto es que fueron tres islas: la mayor y la más famosa, y es la que hoy persevera, llamada Gades, donde estuvo el famosísimo templo de Hércules, distante doce millas de la población.

De esta isla, ciudad y templo, ha escrito un docto tratado el Licenciado Juan Bautista Suárez de Salazar, racionero de aquella santa iglesia, a que remito al lector, que no hay para qué tratar de lo que no nos pertenece.

La otra isla estuvo en medio de los dos brazos del Guadalquivir y llegaba tan cerca de Cádiz que dice Estrabón que sólo distaba un estadio, y Plinio que estaba a la parte que desde Cádiz hacia el río Guadalquivir se mira al septentrión, adonde se tiende toda España. []

De la tercera isla dice Estrabón que distaba del estrecho de Gibraltar mil y quinientos estadios, que estaba consagrada a Hércules y que su sitio era frontero de la ciudad de Onoba []. Onoba es cosa asentada entre los que tratan de estas letras que es Gibraleón, que otros le dan conombre de Lusturia Onoba Lusturia, y aunque hubo una ciudad en Portugal parecida en el nombre a la de la Bética, fue muy diferente, porque aquella se llamó Ossonoba y fue obispado, sus obispos se llamaron Ossonbenses y esta Onoba no fue jamás obispado y échase muy bien de ver que habla Estrabón de la Onoba Bética y no de Ossonoba en la Lusitania, pues dice que caía esta isla frontero de Onoba, ciudad de España, y si fuera de Lusitania, aunque también es España, no dejara de nombrarla con su nombre particular, pues Plinio no la contó con España sino le hizo tratado aparte. De manera que siendo esta ciudad Onoba Gibraleón (como es opinión de todos y mi parecer) en el itinerario de Antonino, y en Pomponio Mela está bien claro. Esta tercera isla fue la misma que hoy llaman la isla de Saltés, o parte de ella, porque no hay duda que el mar ha comido mucho en aquella parte.

Dejada pues la isla famosísima de Cádiz, veamos cómo se llamaron estas dos propiamente, y digo que a ellas les llamaron con el nombre de Gades y Gadir promíscuamente, y también Erythias o Erythreas, porque sus pobladores fueron fenicioos pero a cada uno le tocó su nombre propia y particularmente.

La isla de que vamos tratando, que estuvo entre los dos brazos del Guadalquivir, propiamente se llamó Tartessos porque, como el río que la bañaba por ambos lados, se llamaba Tartesso no solo dio nombre a la provincia Bética sino también a esta isla con particularidad: y los que llamaron Tartesso a la isla de Gades o Cádiz, erraron, confundieron el nombre de la una con el de la otra: y Plinio entra en esta cuenta el primero, que lo dijo así, lib. 4 c. 22. A la isla mayor llama Timeo Cotinussa por nombre que ellos le dan, pero los nuestros le llaman Tartesso, los Penos (¿fenicios?) Gadir, que en su lengua significa cercado []. Ya queda dicho que la isla de Cádiz era mayor que esta que estaba entre Guadalquivir y así entendemos de Plinio, que a aquella llama Cotinussa, y Tartesso, pero engáñase, pues por nombre particular de aquella isla no le tocó Tartesso sino a la nuestra menor. Este pensamiento fue mío pero como desvalido de parte de mi autoridad, escrupulosamente lo tenía primero escrito, mas habiendo visto lo que tan doctamente averigua a este intento Claudio Salmacio en las ejecitaciones Plinianas, que ahora ha salido a luz, atrevidamente sigo mi opinión, dice Salmacio: [Plinius quoque Tartessum Gadir a Pæenis vocatam dicit, sed candem cum Gadibus facit, cum certum sit, Tartessum aliam a Gadibus fuisse, nec Gadium urmeb Tartessum unquam nominatam esse]. Herodoto favorece esta opinión en lib. 4 y dice que en esta isla, y no en Cádiz, vivió el rey Gerión y que estaba frontero de Cádiz []. El nombre de Cotinussa que le da Timeo en Estrabón le da Festo Rufo Avieno.[]. Y que Tartesso, isla y ciudad, no pueda ser Cádiz claramente lo dice el mismo Avieno in ora maritima: porque como queda dicho, y muchas veces diremos, esta isla Tartesso, la hacía el río de su mismo nombre, en su salida al mar, y dice que desde el lago, que llama Ligustico, se partía en tres brazos, cercándola toda, y que con los dos bañaba las partes meridianas de la ciudad de Tartesso y tres regaban la parte oriental de aquellos campos. Oigamos a este autor, que él dice anduvo paseando esta tierra, demás de ser natural español []:

Mas el río Tartesso que se explaya del Ligustico lago caminando por lugares abiertos y patentes, baña la isla de su mismo nombre: y no por una boca al mar Salado entra, o de la ciudad el césped riega por un camino solo: las tres bocas, que miran a la luz del sol de Oriente sobre los campos fértiles arroja: y con las otrasdes la ciudad baña por la parte que mira al mediodía.

Véase pues cuán diferente es Cádiz del río Guadalquivir, que tan diferente es Tartesso, ciudad y isla della, pues dice Festo Avieno que con los dos brazos bañaba la parte meridiana de la ciudad, y ya vemos que Guadalquivir no llega a Cádiz ni aun cuando dijésemos que llegó antiguamente cerca pudo bañar la parte meridiana de la isla o ciudad de Cádiz, porque esa la baña el mar Atlántico y no tiene que ver con el río Guadalquivir, que le cae muy lejos.

Estaba pues esta isla de Tartesso (a lo que se puede entender) cerca de la ciudad de Sanlúcar y por ventura comenzaba en su famosa y peligrosa barra, y juzgo que lo que llamaron lago Ligustico, y Averno, fue todo aquello que hoy llamamos Bonanza, donde se defienden con mucha seguridad los bajeles que entran por la barra. La parte de tierra de la banda derecha del río que hoy llaman Arenas Gordas se extendía la mar adentro mucho más de lo que hoy está, por espacio de más de dos leguas, o legua y media, y por entre esta punta de tierra y la isla de Tartesso caminaba el brazo derecho del río, tan grande solo el uno como todo el río, cuando venía por dividirse, porque aunque se dividía el agua por mitad, el mar llenaba cada canal tanto como todo el río junto [].

El otro brazo izquierdo comenzaba allí junto a Sanlúcar, también extendiéndose la tierra continente por aquella banda no tanto como por la otra, y toda esta isla se encaminaba la vuelta de la isla de Cádiz: de la cual no dilataba más de un estadio o como dice Plinio, cien pasos: al fin della estaba la ciudad llamada como la isla Tartesso y allí, torciendo un poco el río, la bañaba por la parte del mediodía, como dice Avieno.

Volviendo al lago Ligustico, digo que por ventura entendió Suidas por este lago el que él dice se llamaba Averno, junto al cual citaba la ciudad de Tartesso []. Y esto corresponde con lo que Homero entendió deste fin de la tierra, imaginando que el llamar los lugares infernales Tártaro se originó del nombre de Tartesso, así lo dice Estrabón []. Y allí mismo [Quod Tartessum audivit esse ad extremii Occasum, ubi, ut ipse loquitur. Incidit Oceano lampas clarisima solis frugifera noctem, tellurique ingerit atram].

Pues como el Tártaro y lago Averno estaban también junto a los campos Elísios y no se podía pasar a ello sin pasar aquel río Leteo, parece que aquí hallaron disposición para toda su fábula, en ser estas riberas lo postrero de la tierra entonces conocida y que de aquí nacía la noche con su oscuridad y juntamente veían que esta isla de Tartesso y toda la provincia de su nommbre eran lo más fértil del mundo, y donde los hombres vivían muchos años dichosísimamente. Fingieron que después de muertos los hombres, sus almas venía a habitar estos campos si su virtud y obras lo merecían porque este descanso era el premio de sus trabajos, de lo cual (por encarecimiento) dijo Anacreón [].

Mas dejando lo fabuloso y volviendo a lo histórico y verdadero, que de la isla y ciudad de Tartesso refieren los autores antiguos, digo que son grandes los encarecimientos que della hallamos escritos. Dionisio Afro de versión de Henrico Stephano le llama amena posesión de hombres, que les sobran las riquezas [].

Otra versión del mismo Dionisio Afro le llama alta, y rica, y pone allí cerca la habitación de los Cempsios [].

Herodoto en el lib. 4 dice que los griegos de la isla de Samo vinieron a Tartesso trayendo consigo grande aparato de dioses, para hacerles plegarias y sacrificios, y que era una feria llena de riquezas, tan poco cursada de la codicia de los extranjeros que gozando los samios de sus primicias llevaron más riquezas que jamás habían conocídose entre los griegos [].

Papinio Stacio en el lib. 2 de las Silvas le llama dichosa tierra, y bienaventurada.[]

Pausanias no se olvidó de Tartesso y nos dejó también delineadas sus señas lib. 6 []

Esta ciudad se llamó Gadir, nombre que le dieron los phenices o cartagineses, llamándose ella primero Tartesso.

Avieno: [Hic Gadir urbs est dicta Tartessus prius].

Y en otra parte: []

Salustio conoció lo mismo: hállase en un fragmento que los antiguos gramáticos citan del lib. 2. Tartessum Hispaniae civitatem, quam nunc Tyrii, mutato nomine, Gadir habent.

Pensaron algunos antiguos que Carteya, que fue la famosa ciudad que estuvo cerca del estrecho se llamó Tartesso: esto refiere Pomponio Mela, mas como cosa sin fundamento, no lo aprueba. In coque freto Carteia, aliquando Tartessos, quam trasvecti ex Africa Phenices habitant Plinio dijo, que era la misma, mas de lo dicho claramente que se engañaron: y así Silio Italico, como vecino nuestro, conoció que era diferente Carteya que Tartesso, y en la guerra púnica pone a Carteya con su gente Argantoniacos armat Carteia nepotes. Y a Tartesso como ciudad que no tenía que ver on Carteya Armat Tartessum stabulanti conscia Phebo.

Dio causa a estos errores la vecindad destos lugares, y haber sido tan afamadas estas tierras entre los griegos, que las hicieron justo empleo de sus encarecimientos: y así a toda la provincia Bética llamaron Tartessiaca.

Marcial [] Ovidio en el lib. 15 de sus Metamorfosis.[] Ausonio Galo []

Y este común apellido de la Bética se extendió también a toda España. Claudiano contra Rufino.[]

La villa de Rota cae muy frontera adonde fue la isla de Tartesso y pudo ser parte della, porque hoy día por cima desta villa se ve una que llaman la Madre vieja, por donde dicen caminó antiguamente el río Guadalquivir con uno de sus brazos, con que desaguaba en la mar, puede tanto en todas las cosas el tiempo y especialmente en los lugares vecinos al mar que no digo en tantos siglos sino en diez años los mismos que vimos un lugar no lo hallamos en aquella misma disposición. []

Y como gravísimamente dijo Plinio []. Parecen por todo el mar vecino a Rota, y Chipiona, grandes peñascos, y es peligrosísimo para los navegantes. En todo el sitio que ocupaba esta isla, y ciudad, y como una legua la mar adentro se descubren tal vez edificios cubiertos del mar en sus crecientes, y allí junto un gran peñasco, en el cual está una cavidad muy grande que llaman vulgarmente la cuba de Rota, por su forma, y porque cuando quiere llover mucho suena en aquella parte un zumbido, o tronido sordo, el cual se oye en más de quince leguas la tierra adentro, de la misma manera que allí; que no porque Rota está más vecina se oye este zumbido o tronido de otra manera. La causa de él clara cosa es, que es el espíritu, o aire, del mar impelido y sacudido en aquella parte como en una bocina si ya no que el agua del mar con extraordinario movimiento pasa por la estrechura de aquella cueva y de la manera que cuando se vacía un cántaro de agua, causa ruido en la angostura de la boca, encontrándose con el aire, así ni más ni menos suceda alli rimbombar el mar, encontrándose juntos el agua, que sale, y el viento que entra en parte estrecha. Ello es cosa que muchas veces la hemos oído: y si tiene otras causas que las dichas, los filósofos raciocinando las dirán mejor, que yo he dicho mi sentimiento.

Esta villa de Rota, que como dicho es, pensamos que puede ser parte de la isla antigua de Tartesso, está hoy en una península, cercándola el mar por todas partes sino es por la entrada del septentrión: tendrá de presente setecientos vecinos, hay en ella una buena iglesia parroquial con ricos ornamentos y renta bastante, un convento de frailes descalzos de la Merced: es el Estado de Arcos.



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