2019-09-17

Un asunto de número

Es común que inadvertida o distraidamente escuchemos frases o discursos sin la debida comprensión de los contextos actuantes en su locución o escritura, cosa que lleva en ocasiones a obtener -sin haberlo pedido ni buscado- un indeseado malestar que se expresa regularmente por medio de una incomodidad física palpable que se pudiera denominar como “corriente de indignación esofágica ascendente”.

Es el caso de esas frases que no terminan de pasar de moda en las que se utiliza con profusión y énfasis la primera persona plural de los verbos.

Este es un “nosotros” formalmente igual al que se usa en cualquier ocasión, cuando se quiere hacer una referencia a “dos o más, personas o cosas”, pero con connotaciones que hacen variar su sentido, de una manera que vale la pena analizar.

No es el caso del “nosotros” que normalmente utilizan algunos escritores por licencia literaria o, como dice el diccionario “por ficción, que el uso autoriza” para referirse a su propia persona y a nadie más (cosa que se ha evitado en este nota). Tampoco es el caso del plural utilizado por conspícuos personajes de alta jerarquía como el Papa notoriamente, sin embargo, pudiera ser que estos usos sean los antecedentes en que se fundamentó la variación que comentaré.

Quizás sea importante resaltar que la Lengua (con mayúscula, no la que tiene papilas gustativas) está en constante evolución, que es decir cambio. La evolución de la Lengua -y del habla- no por ser obvia es siempre totalmente percibida. Lo que ha inducido a garrapatear este opúsculo, es justamente lo interesante que resulta un cambio aparentemente desapercibido en un pequeño accidente gramatical, que tiene todos los ingredientes para llegar a convertirse en una característica normal y “definitiva” del idioma.

Pudiera ser interesante evocar -para mejor visualizar el cambio gramatical en discusión- que no siempre tuvieron las Lenguas predecesoras de esta que se habla (nótese que no digo hablamos) las dos categorías de singular y plural, tenían también el número dual.

En las estepas del sur de Rusia o Ucrania, vivió un conjunto de pueblos que dejaron suficientes peroles acumulados en los escombros de sus habitaciones para que los arqueólogos pudieran encontrar y bautizar su cultura con el nombre del actual Kurgan (Oblast homónimo, en la ex-R.S.S. de Rusia, más allá de los Urales). Dispersándose entre 4000 y 3500 a.c. -según los que saben (s.l.q.s.) en este caso Marija Gimbutas-, llegaron al área del Danubio y por otro lado hacia el norte de Irán (3500 - 3000 a.c.).

La lengua que hablaban -o mejor sería decir, las lenguas- fueron distanciándose junto con sus portadores, dando origen a idiomas tan diversos como el sánscrito, el parsi, el hitita, el griego, el celta, los eslavos, y pare de contar. Es casi seguro (s.l.q.s.) que en todos aquellos dialectos -junto con los casos (8), géneros (3), y demás atributos gramaticales que aún en buena medida compartieron sus herederos-, se manejaba el número dual -además del singular y plural-. Este era utilizado para referirse a dos personas o cosas, ni más ni menos.

Sin embargo, ya el Latín y el griego clásicos (s.l.q.s.) lo habían perdido, siendo como eran descendientes directos de aquel primitivo “proto-indo-europeo”. No así el antiguo gótico ni los idiomas bálticos -lituano y letón- que lo conservan, según parece.

Si el singular y el plural no son categorías inmutables -aun en la restringida extensión de las lenguas indoeuropeas-, no tiene nada de extraño que se esté gestando una nueva categoría de número gramatical en el idioma. Ni tampoco sorprende que sea aquí y en esta época. Mucho menos que sean las personas más influyentes (el “liderazgo”) los adalides en la difusión de la innovación.

Esta innovación gramatical “en pleno desarrollo”, reforzada por un uso cada vez más frecuente y aceptado, debe entenderse como un avance en las posibilidades expresivas del idioma. Probablemente no haya otro que utilice este recurso. Para darle un nombre se le llamará el “nosotros disyuntivo”.

Hay que hacer notar que este recurso idiomático tiene dos vertientes:

A pesar de eso, no se hace una nota de esta longitud para dejar desamparado al lector. Se le suministrará una Regla, con la cual se supone podrá evitar angustias innecesarias:

Toda vez que un alto personero (¿?) utilice la primera persona del plural en sus públicas alocuciones, usted deberá atender al sentido del verbo: si el verbo expresa acciones que hacen padecer al oyente (digamos “transitivos”), el vocero se está refiriendo a usted sin incluirse él; si el verbo expresa acciones alejadas de las posibilidades o incluso de la imaginación del oyente (“intransitivos”), se está refiriendo a sí mismo, con exclusión de usted.

No es tan complicado como esa enmarañada oración lo hace parecer. Aunque digan que es claudicación, se anexan algunos ejemplos (las prácticas corren por cuenta suya):

  1. “Hemos derrochado recursos”, “disfrutamos de una época de bonanza”, “tenemos que aprender ahora a vivir racionalmente”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” otras por el estilo: no se moleste lector (su salud no lo merece), son típicas aplicaciones de la primera persona del plural disyuntivo intransitivo.
  2. “Debemos apretarnos el cinturón”, “sufrimos las consecuencias de un pasado que no debe volver”, “luchemos contra la inflación”, “debemos reducir el consumo”, etc., : lector, las campanas están doblando por usted.

El colmo -o quizás, el mayor logro- de la variedad expresiva lo constituyen las frases de algunos que utilizan con el mayor desparpajo las dos versiones del “nosotros” disyuntivo:

En ciertos casos, hastas llegan a utilizar el tradicional “nosotros” aglutinante (nosotros = yo + tú + ustedes + mis amigos), con lo cual es lógico que ocurran incomprensiones y disgustos en personas desprevenidas.

Lector: no se enfurezca, estudie el caso y diagnostique el tipo de uso que se está dando a este ahora tan trillado recurso gramatical. Haga como nosotros.




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